Sin
duda alguna el título de esta semana evoca a la ópera prima de la escritora
colombiana Isabella Santo Domingo: “Los Caballeros las
prefieren Brutas”.
Título que para muchas refiere la explicación del por qué los hombres tienen una
fuerte tendencia a entablar relaciones con personas que, a nuestro juicio,
suelen tener deficiente intelectual en lugar de un coeficiente estándar.
Luego de reflexionar (no
poco) sobre el caso, y en vista de mis propias experiencias, seguía rehusándome a creer en esa idea de fingir brutalidad, envuelta supuestamente en la mayor de las astucias, con
la finalidad de llamar la atención de determinados individuos. Y es que no
pongo en duda la eficacia de ese método “atrapa maridos”, por lo que no lo
censuro, pero tampoco lo comparto, dado que desde mi humilde perspectiva una
porción significativa de las mujeres de hoy en día queremos y/o merecemos algo
diferente.
No se ustedes, pero a mí
no me llama la atención en lo absoluto la idea de elegir por convicción un
encierro en casa (estatus denominado “Felizmente mantenida”) esperando al macho alfa
para que, al final de la jornada, me proporcione una mesada cual niña de 6
años. Tampoco es atractiva para mí la opción de fingir ineptitud para obtener
beneficios a cambio, cuando bien sabemos que las personas en general no premian la torpeza. Pero todo depende efectivamente de los
requerimientos de cada consumidor, y de su concepto de complementariedad con el
otro al entablar una relación de pareja. Si usted, mi amigo lector, está lejos
de concebir el parasitismo como mecanismo activo en una relación, quizás
coincida conmigo en que cada “quien”
tiene su respectivo “cual” que combine a plenitud con el/ella, sin necesidad de
aparentar un perfil de personalidad ajeno a la esencia que lo caracterice.
Para mí, todo se reduce en una frase reveladora, que
va de la mano con el título de este escrito: si un hombre prefiere que sus parejas
sean brutas, entonces no es un caballero. Esto, en el sentido estricto de mi
definición de caballero, y para poder desarrollar bien mis argumentos, me veo
en la obligación de explicar mi punto de vista empleando un contra-ejemplo: EL PATÁN. Este personaje a quien llamaremos “El patán”, es un
individuo sumamente común en nuestra sociedad actual, caracterizado por imponer
su supremacía masculina sobre los demás, compitiendo continuamente por
obtener la mayor cantidad (mas NO calidad), de conquistas en su haber. “El
patán” no escatimará en emplear agravios en contra de su pareja, echando en
cara lo mucho o poco que le proporciona, económicamente hablando. “El patán”,
por naturaleza, NO es fiel, y obviamente presenta preferencia por cazar a
ciertas presas que carezcan de suspicacia (por no llamarlas brutas, bueno… ya
lo hice!) para que se les facilite el hecho de hacer de las suyas. Ese “patán”,
que generalmente tiene un puntaje elevado en aspecto físico y una soltura en sociedad arrolladora, ese por el que
la mayoría de las mujeres nos derretimos, ese por el que hacemos lo imposible
por llamar su atención… Ése generalmente suele tener 01 en la boleta
sentimental, y es allí cuando se
desliga de mi concepto integral de caballerosidad, y simplemente lo catalogo
como un espécimen más de la fauna con la que las mujeres solemos interactuar
día a día.
¿Y es que acaso no es “el
patán” el que más se le parece a ese personaje que las prefiere tontas y bien
parecidas?. Mis queridas féminas: ¡Por favor, no menosprecien la
inteligencia!, la brutalidad NO es un
atractivo para los hombres serios. Esos caballeros
integrales, que para hacer el
casting seleccionador de parejas vislumbran no sólo la apariencia física, sino
también personalidad y afinidades; aquellos individuos detallistas, que tienen
visión hiper-desarrollada para ver (y valorar) la inteligencia e independencia
de las mujeres de hoy en día, que no se
sienten minimizados por ello, y que complementan nuestro crecimiento… Ellos NO se fijan en esas fulanas de intelecto reducido, lo que me permite concluir una vez más que: Aquellos
que las prefieren brutas… ¡No son caballeros!
Les dejo de tarea la
reflexión de afinar cuáles son sus expectativas de pareja, qué cualidades
buscan en esa persona y que desean aportar para complementar al otro. Recuerden
que la brutalidad no complementa a nadie,
no agrega valor a la relación y mucho menos enamora. Yo apuesto a una relación de retroalimentación, donde
uno cuide y cultive los valores del otro, en base a la admiración y al
respecto, no a la subestimación de una chica tonta. No! Eso no es lo mío. Para
finalizar, les dejo una frase de la escritora estadounidense Erica Jong, quien
muy sabiamente mencionó lo siguiente:
“Usted ve un montón de chicos inteligentes con mujeres tontas, pero que casi nunca se ve a una mujer inteligente con un chico tonto”
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