Este es un juego que realicé hace varias semanas con algunos amigos y que sin querer, se convirtió en cuento. A cada uno le dije algo similar a: "Hola! vamos a hacer un juego. Vas a escribir, lo primero que se te venga a la mente, a partir de la siguiente frase..." a continuación le entregaba en una tira de papel una frase, escrita previamente por otro amigo, a quien había dado las mismas instrucciones. Unas frases me gustaron, otras me sorprendieron, otras le dieron un vuelco total a la frase inicial y determinaron la particularidad que esta historia tiene.
Inicialmente interesada en mejorar la fórmula que me llevó al escrito más visitado hasta ahora en este blog, y en el que tenía previamente, me topé nuevamente con la maravillosa sensación de que la capacidad creativa del ser humano no tiene límites ni patrones preestablecidos, cuando se deja llevar libremente al mundo, a veces calificado de infantil, de las fantasías. Gracias a mis amigos por dejarse envolver, así sea por algunos segundos en mi mundo particular y jugar a mis formas. Espero disfruten leyendo esto, tanto como yo el hacer el juego y el escribir el cuento.
Y desde que vio a la nostalgia sentada en aquella estrella, supo
que era un recuerdo no olvidado, sólo era un recuerdo que había sido camuflajeado por
su mente, para evitar el dolor que le producía. Pero no pudo evitar recordar...
recordarlo todo hasta casi revivirlo.
Recordó cuando veía a su padre diseñar desde la fuente que había
en el centro de su casa, paisajes, situaciones o seres que le parecían
maravillosos. Quería tocarlos, sentir su pelaje, sus plumas o tal vez su piel,
dependiendo del caso. Sus ojos, vaya que le parecía maravilloso el diseño final
de esos ojos vidriosos! En principio inertes y luego, en el instante que su
padre decidía que el diseño era perfecto, tan llenos de vida y de... llenos
de... de... no sabía cómo describir la sensación que le producían. Pero su
padre le explicó que desde ahí no podría jamás tocarlos como deseaba. Debía
bajar a su mundo y vivir como uno de ellos, para lograr lo que tanto anhelaba.
Igualmente le recordó que ella no había sido creada para bajar a ese mundo, que
no estaba preparada para entender ni afrontar muchas cosas de esos seres de los
que tanto se admiraba. En efecto, había muchas cosas que no entendía. Escuchó
hablar a Valentía en algún momento de luchas y confrontaciones, de sufrimientos
y de trabajo. Pero también había escuchado a Cupido hablarle de la magia que
vivían estos seres cuando se enamoraban. Y se preguntaba, ¿cómo un sólo ser
podía experimentar, en una sola y tan corta vida, cosas tan variadas? y su
curiosidad aumentaba.
Quizás Valentía estaba un poco equivocada o tal vez alguien no les
había explicado del todo bien a esas creaturas la razón de su paso por ese
mundo y pudiera ser, tal vez, sólo tal vez, que ella pudiera explicarles a esos
seres. Pero ya su padre le había advertido, con esa voz seria pero llena de
ternura que tienen los padres cuando advierten algo a sus hijos por temor, que
simplemente siguiera con su labor.
Como todas las mañanas, se arreglaba presurosa, escogía
delicadamente su ropa. Siempre con algún detalle verde, porque amaba ese color.
Se dirigía al comedor dónde se reunía con sus hermanos, primos, tíos y demás
familiares. Su nana Arminda, que provenía de ese mundo maravilloso que tanto
ansiaba conocer, le enseñó a comer manjares de su tierra. Y como para sentirse
más cerca de ese mundo, ella siempre escogía desayunar arepa de carne
mechada o 'pelúa' como la llamaba Arminda. Se levantaba de la mesa
siempre, dejando el vaso de jugo medio vacío, o como ella prefería pensar,
medio lleno. Iba directo al vivero, tomaba sus instrumentos, un puñado de
pétalos de florecillas mágicas y se ponía en medio del jardín a elaborar las
cuentas. Las mismas que hacía todos los días, desde que ella podía recordar, al
menos desde los últimos 7000 años...