En sus guaridas, los vampiros se
reúnen para planificar cómo adueñarse del mundo. Deciden que una noche
cualquiera, saldrán todos a transformar a cuanto ser mortal se les cruce en el
camino. Luce sencillo y es posible, son menos de la mitad de los humanos pero
los triplican en fuerza y astucia; tienen de su parte el terror inducido por
siglos, la oscuridad de la noche y ahora están unidos...
Una noche cualquiera y sin previo aviso, salen miles de vampiros de todas partes atacando sin piedad y sin recelo a todos: niños, viejos, hombres y mujeres. Todos corren, gritan despavoridos, tratan de esconderse, otros de hacerles frente. Todo es inútil. Por lo que los dirigentes del mundo deciden tratar de negociar. Ante esta inequívoca muestra de inteligencia, y movidos por la curiosidad, los vampiros aceptan negociar. Afuera todo es pánico y muerte. Yo corro. Las negociaciones concluyen en la creación de refugios para los humanos, lugares donde, bajo ningún concepto alguien sería tocado. Corro, al igual que el resto de los despavoridos, pero afortunados que aún seguimos siendo humanos mortales.
Me salvo. El refugio que alcanzo es grande, similar a un salón de fiestas de proporciones gigantescas, inimaginables. De los cuatro lados que lo conforman tres son paredes con espejos de lado a lado, de arriba a bajo; el cuarto lado es una reja, débil, vieja, sencilla de ser tumbada por cualquiera, pero el trato se cumplirá, ningún vampiro traspasará los límites. Hay mucha gente, de todos lados, ningún conocido. Todos muy cansados, exhaustos y con miedo. Los vampiros, seres de palabra cumplen al pie de la letra el trato. Pero siendo seres de maldad, idean pequeñas artimañas para sacar de los refugios a la gente y culminar su propósito. Entre otras cosas ponen comida, juguetes, dulces, bebidas para tentar a las personas a salir. Los primeros en caer en la trampa son los niños, quienes al salir son atacados inmediatamente, sus padres desesperados se lanzan a tratar de salvar lo insalvable y terminan siendo transformados también en vampiros. Así va creciendo el número de estos seres del mal y disminuyendo el número de humanos.
Un día veo a una pequeña como de unos cinco o seis años que sale del refugio, como si no notase la presencia de los vampiros. Era casi inevitable su muerte sin nadie que la salvara, pues su madre ya había sido transformada. Siguiendo un impulso salgo en su auxilio: corro, la cargo y cuando me dispongo a correr al refugio me encuentro totalmente rodeada, era imposible escapar. Nos morimos, pensé. Y justo en ese instante se escucha a de uno de ellos que dice a viva voz: "No! recuerden que a ella no la podemos morder, sino 'el jefe' se va a molestar". Instante en que todos quedan paralizados, y yo aprovecho para escapar. Como casi un milagro he continuado viva y mejor aun logré salvar a la niña. Pero, ¿qué significarían aquellas palabras? Esta y otras preguntas comenzaron a rondar por mi mente. Además la impotencia de no poder hacer nada por evitar aquella situación tan injusta, siento la imperiosa necesidad de hablar con aquel mencionado jefe, del cual sólo sabía que tenía una oficina en un edificio cercano y algunas descripciones de él que había escuchado por rumores. Me decido, y salgo en búsqueda de aquella oficina. Después de un rato de cautelosa búsqueda (pues a pesar de lo que había escuchado, tenía gran temor de ser avistada y mordida por algún vampiro), encontré aquella oficina. Entré pero estaba vacía, a oscuras, no era un lugar muy amplio pero sí se sentía un aire tenso, pesado, típico de los lugares habitados por seres que sólo saben transmitir maldad, pareciera que esa maldad se quedara impregnada en sus cosas y lugares. La oficina tenía muebles de madera, un tanto viejos pero elegantes, alfombra roja, al fondo un gran cuadro, que no detallé. Al ver que no se encontraba nadie me fui. Continúe la búsqueda los días siguientes pero ocurría lo mismo, cuando llegaba no encontraba a nadie.
Una de las veces en que regresaba al refugio vi a la niña que había salvado y escuché voces: "corran! debe estar cerca, esta vez la tenemos que agarrar". Agarro a la niña y me escondo en una especie de cuartucho oscuro y le digo a la pequeña que no hablara. Veo pasar a varios vampiros pero ellos no logran vernos. De repente, entre ellos logro distinguir a su jefe. ¡Esa era mi oportunidad de hablarle! No lo podía dejar pasar, así que pongo a la niña en el suelo y le indico que no salga hasta que yo le dijera y salgo. "Contigo quería hablar" le digo y le empiezo a hablar pero poco a poco me voy alterando, estaba furiosa. Él se limitaba a mirarme, al igual que los que estaban con él. Cuando termino de hablar, me responde algo totalmente diferente, como si no hubiese escuchado ni una sola de mis palabras: "pero, si estas afuera quiere decir que ya sabes el secreto, ¿quién te lo dijo?". Muy ilógica esa respuesta, de qué hablaba, y le pregunto: "¿cuál secreto? ¿De qué me está hablando? ¿Qué tiene que ver eso con lo que le estoy hablando?". La respuesta que encuentro es más ilógica aun: "¿Pero si no lo sabes, cómo es que estas afuera? No entiendo, ¿es qué no sabes que tú eres mi hija?, por eso es que no puedes ser mordida, debe ser decisión tuya si pertenecer a nuestro mundo o no, nadie te puede obligar" un silencio profundo invadió el lugar y mi alma. Qué era todo aquella locura, no entendía nada y rompo el silencio con más preguntas: "¿qué, cómo que su hija?! Explíqueme, se lo exijo". Pero mis preguntas se quedan nuevamente sin respuesta y me dice: "¿y tu hija? ¿Dónde esta ella?". En ese instante la niña, quien había permanecido hasta entonces escondida, sale corriendo y abraza al vampiro jefe, como si no le inspirara el más mínimo sentimiento de temor. Asustada por lo que pudiera pasarle, le suplico al vampiro que no le hicieran daño. Y él me vuelve a interrogar: "¿Y lo de ella tampoco lo sabes? ¿Tampoco sabes que ella es tu hija? A ella tampoco la pueden morder, ella también tendrá que decidir". En medio de mi confusión y el mar de dudas en el que estaba sumergida logro decir: "No es posible, yo vi a su mamá cuando la mordían cuando luchaba por salvarla, no es posible que sea mi hija, yo no tengo hijos, eso es algo que recordaría". Pero él insiste diciendo: "Es tu hija. No lo recuerdas porque ese hecho fue borrado de tu memoria, pues no podían estar juntas hasta que no supieras el secreto. Por eso ella fue entregada a otra familia". Yo ya no atinaba que decir, cuando de repente escucho un sonido, titi, tit, titi...
8 mayo de 2007