Estamos en unos tiempos donde la tecnología rige muchos aspectos
de nuestras vidas. Gracias a la rapidez del internet y a la versatilidad de los
equipos móviles, muchos procesos están migrando a medios netamente
tecnológicos; los movimientos bancarios, el pago de servicios, y hasta muchas
veces nuestros trabajos se pueden realizar desde la comodidad del hogar. Sin
embargo, es válido preguntarse qué determina la obsolescencia de algunas
herramientas tradicionales, y hasta qué punto éstas serán enteramente sustituidas
por sus versiones tecnológicas. Más aún, ¿la tecnología puede llegar a
controlar nuestras vidas?
Son muchísimas las ventajas de la tecnología, y como ya las
conocemos, no voy a hablar de eso aquí. Personalmente creo que, a pesar de ser
un fenómeno que está tomando mucho auge, y que a medida que pasa el tiempo va
cubriendo más campo, aún falta mucho camino para que éstas puedan reemplazar
los medios tradicionales. Hay un ejemplo muy claro para ilustrar esto, el de la
fotografía, cierto es que la tecnología significó un avance en esta disciplina
con la creación de las cámaras digitales, pero hasta ahora no hay un
dispositivo que pueda reemplazar, o siquiera igualar en términos de resultados,
a las cámaras profesionales con sus implementos apropiados.
Otro tanto ocurre con muchas herramientas en los procesos
educativos que, como docente, me ha tocado abordar. Es cierto que existen los
e-books, pero debemos recordar que la tecnología es un medio para facilitar un
proceso, en este caso el estudio. Si la idea es favorecer el proceso de
aprendizaje, yo apuesto más a un material que pueda explotar al máximo las
bondades que la tecnología ofrece, y así garantizar un aprendizaje más
interactivo a través de la estimulación de los sentidos y la recreación de espacios
tridimensionales, en lugar de sencillamente buscar la creación de un libro
digital.
De esta manera, las TIC (Tecnologías de Información y
Comunicación) realmente hacen un buen trabajo al respecto. Sin embargo también
debemos ser cuidadosos con la manera en que se utilizan para garantizar su
efectividad, en este sentido no es igual el proceso de aprendizaje en un curso
de matemáticas, de idiomas o de diseño. Mi opinión particular es que con los
medios con los que contamos actualmente, aún no es posible llegar al punto en
que cursos de dibujo y diseño arquitectónico sean enteramente no presenciales, debido
a la cercanía que existe entre docente y alumno a la hora de hacer correcciones
a un proyecto.
Por otro lado seguimos evolucionando rápida y constantemente; ya
se está hablando inclusive de conceptos como Web 3.0 y Web Penetrante, los cuales
buscan ingresar en elementos tan cotidianos como la ropa o las ventanas. De
esta forma, es mucho más fácil imaginar carreras universitarias prácticas y
completas a través de estos medios, unos que exploten y aprovechen al máximo
las bondades que la tecnología ofrece, y sumerjan al usuario en jornadas de
aprendizaje a través de experiencias capaces de estimular todos los sentidos, y
trascender los límites del espacio y el tiempo.
Para cerrar, y continuando con lo hablado anteriormente, dejo
una pregunta a modo de reflexión, ¿la tecnología puede llegar a controlar
nuestras vidas? Siempre y cuando estemos conscientes de que ésta se encarga de
facilitar un proceso pero no de ejecutarlo, es cierto que un dispositivo
electrónico es capaz de determinar el diámetro de una tubería, pero el usuario
debe ser los suficientemente inteligente, y manejar los conocimientos
necesarios para saber discernir si el resultado arrojado tiene sentido o no.
Pienso que debe haber un equilibrio entre lo que podemos ahorrarnos gracias a
la tecnología y lo que aún podemos hacer por nuestra cuenta; ni hablar de los
modales, ¿nunca han sentido el impulso de arrancarle el celular a un amigo, el
cual supuestamente está escuchando lo que le dices? Yo sí, infinidad de veces.
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