Cuatro paredes blancas.
A mi lado izquierdo
una ventana que me permite a penas
una visión algo turbia.
A mi lado derecho
una serpiente distraída,
casi adormecida.
Más allá, un globo rosa,
una gota de pintura
azul pastel
y millones de puntos microscópicos
de colores ochentosos
llenando el espacio restante.
Me siento cómoda, pero
me acompaña una sensación inquietante,
me veo en el espejo y observo.
Me falta el anaranjado.
Agosto 2006