El
dolor, él está presente en todas las facetas de nuestras vidas, en todos
nuestros días. Aunque tratemos de sofocarlo, trabajarlo, sobrellevarlo,
compensarlo, ignorarlo... Siempre aparece en cualquiera de sus formas y nos
golpea. Una prueba de ello, es el famoso dicho "crecer duele". Somos
seres en constante dinamismo, en constante cambio, en constante crecimiento.
Por tanto, podríamos concluir, en constante sufrimiento.
De todas las opciones que tenemos para comportarnos frente a esta realidad, la
peor según mi forma de ver las cosas, es dejarse arrastrar por esta corriente.
Una vez, un buen amigo me dijo, que no importaba cuan mal me pudiera sentir, no
importaba lo triste, derrotado o sin fuerzas que pudiera sentirse uno, no
importaba si teniendo que estudiar no pudiera casi leer el material porque el
llanto nublase todo. A pesar de los sentimientos, había que seguir.
Indudablemente el rendimiento no sería el mismo, pero así fuese sólo una línea
la que lograra aprender en medio de horas y horas de estudio, sería una línea
que tendría ganada, una línea menos que estudiar en la siguiente oportunidad
Siempre
hay una razón por la cual existe el dolor, por la que esos momentos, al igual
que los momentos de felicidad, también valen la pena. Vale la pena, sentir el
malestar general, porque así podemos buscar una solución antes de que lleguemos
a una complicación más grave; vale la pena perder una entrevista de trabajo si
con ello estás librándote de, tal vez, un jefe explotador o malhumorado; vale
la pena ver la 'tontería' en la que te equivocaste en el parcial, porque te
aseguro que jamás olvidarás cuál es la respuesta correcta; vale la pena perder
ahora un proyecto a que igualmente se pierda más adelante pero habiendo
invertido más tiempo, recursos y esfuerzos en el mismo; vale la pena perder un paciente,
si sus órganos al ser donados permiten salvar varias otras vidas; vale la pena
sacar tiempo de nuestra rutina e ir a demostrarle a nuestro ser querido cuánto
nos importa; vale la pena tener diferencias con nuestros amigos y pareja,
porque no se tiene una verdadera relación hasta que no se da la primera
discusión; vale la pena perder a algunos de los personajes de nuestra historia,
porque después de cada fin hay un recomenzar y esto abrirá el paso a la llegada
de nuevos personajes. Porque aunque más de una vez hayamos sentido que nos
faltaban las fuerzas o que estábamos en agonía, aquí estoy yo escribiendo esto
y aquí estás tú leyéndolo.
Vale
la pena porque generalmente hay al menos una forma de acomodar nuestra
situación, cualquiera que esta sea. Y en los casos muy escasos, pero críticos,
en donde no hay como acomodar nuestro problema, siempre habrá una forma de
recomenzar. Y es que sólo después de haber andado un buen trecho es que uno, al
volver la vista atrás, entiende el por qué de algunas cosas. Y las cosas que
aun no se entienden, es porque todavía falta camino por andar, porque no es lo
mismo ver un mismo cuadro a 4
cm de distancia que a 4 m, jamás se verá igual.
El dolor, ciertamente, no es nada
placentero. Por eso, toma lo que debes aprender y aprehender de él lo más
pronto que puedas, para luego estar listo para recomenzar, tu proyecto, tus
estudios, tu relación, tu salud, tu vida, tu historia... siempre más
interesante, más sabio, más fuerte, más claro, más tenaz, pero siempre recomenzar.