Desde hace muchos años decidí o descubrí que soy una estrella. No
sabía a ciencia cierta por qué, pero sé que soy una de ellas, hace poco lo
entendí.
Como el presente lector podrá observar al ver al cielo en una noche clara, a pesar de que hay millones y millones de luciérnagas cada una está aislada, sola. Nada ha logrado alcanzar a alguna completamente y difícilmente alguien lo logre (espero que sí). Esto, porque como me hizo ver mi tan apreciado Hefsto, si te acercas demasiado a una estrella te quemarás, nuestros sentimientos son una gran bola de gases de volumen e intensidad variables que generan innumerables explosiones tan intensas que sus efectos alcanzan grandes distancias. Y como nadie ha logrado alcanzar alguna de estas lucecillas, nadie puede decir que las conoce completamente. Pero todo esto no se debe a que seamos malos seres o asociales o egoístas. No, nada de eso. Algunas lo hemos hecho porque no nos dábamos cuenta, otras porque no saben cómo evitarlo, y otras tal vez si lo hagan por el placer de robarles su energía vital al consumirlos en sus llamas, pero no todas somos así. Nosotras también formamos parte de la ilusión de los niños, hemos acompañado a casi todos los enamorados en sus largas noches de vigilia cuando están inundados de nostalgia, dolor y amor. También hemos sostenido las esperanzas de otros tantos. Acompañamos y guiamos a los marineros en sus travesías. Una noche sin nosotras es muy triste y si estamos, a más de uno le provoca inspirarse en la luz que emanamos, aun cuando proviene de nuestros tormentos y locuras, si estamos a una gran distancia somos fascinantes y llamativas y a una distancia prudencial podemos contribuir con la vida de algo tan hermoso como el mundo en donde vives.
Casi todo esto lo he vivido, me he sentido lejanamente acompañada, me he dado cuenta demasiado tarde que he quemado a unos pocos por lo que aun no puedo decir que alguien me conoce completamente. Sé, porque las mismas personas me lo han dicho, que he ayudado a sostener esperanzas y crear sueños y a pesar de que soy adulta aun tengo la capacidad de tener amigos menores de diez años. He secado lágrimas derramadas por amor, he guiado a algunas almas y algunas mentes. Comencé queriendo explicar cómo entendí que soy una estrella, pero ahora me siento en la necesidad de conciliar a todos lo Hefstos con las estrellas, tal vez no con las que los quemaron, porque no estoy en capacidad de saber si estos Hefstos o estas estrellas lo merecen, pero sí con el resto de ellos. Por lo que sé la vida de los Hefstos no es fácil, pero la nuestra tampoco; pero sé que para ambos es mucho más llevadera la vida si el otro está presente, por lo menos viendo de lejos.
4 de abril de 2007