Ese
sábado, Andrés se levantó al compás del despertador a las 10 am. Cepilló sus
dientes y tomó un desayuno ligero, pues tenía pensado subir la montaña a
despejarse un poco. Necesitaba ese paseo porque la semana anterior había sido pesada,
con disputas en el trabajo incluidas. Era abogado litigante en una importante
firma y los casos intensos eran pan nuestro de cada día. Se calzó sus zapatos
para correr y salió, despidiéndose de su esposa al salir. Andrés caminaba ahora
por la calzada, con paso sosegado mientras escudriñaba a su alrededor
procurando encontrar un quiosco y así comprar la prensa de ese día. Unos tres
kilómetros después encontró un pequeño puesto de chucherías aislado a un lado
del camino y decidió detenerse para leer la prensa.
“Asesinadas
tres personas la noche del viernes”
“Accidente
en la autopista deja ocho muertos”
“¡Escándalo
de corrupción en el gobierno!”
Los
titulares de siempre, pensó Andrés mientras se terminaba el guayoyo que había
pedido. Retomó su camino a la montaña, esta vez un poco más rápido. Mientras
avanzaba, notó cómo un desesperado chofer tocaba el claxon para pedir paso en
una congestionada calle. Tocó la bocina 9 veces, para desagrado de Andrés. Al
cabo de unos minutos, llegó al pie de la montaña, listo para emprender el
ascenso. Se colocó sus audífonos, encendió su reproductor de música y empezó.
Mientras trotaba por el sendero marcado en el suelo, iba meditando sobre el
último caso en el que había trabajado: una querella entre una empresa manufacturera
y sus empleados quienes reclamaban mejores condiciones de trabajo y mejor
salario. Al parecer, aquel caso no era de fácil resolución y ya la empresa
había apelado varias veces la decisión del tribunal.
A
medida que iba transcurriendo el tiempo y el cansancio ocupaba el lugar de los
pensamientos de Andrés, el final de la montaña se acercaba. Al ritmo de “Twist
and Shout” de The Beatles, llegó a una parte del sendero cubierta por un techo
vegetal y allí Andrés decidió detenerse para tomar un sorbo de agua. Pudo
observar 8 juguetonas ardillas que trataban de llevarse un trozo de fruta y se
lo disputaban entre sí. Luego de refrescarse, Andrés siguió a trote hasta
llegar al final del camino. Cansado pero satisfecho, se quedó en el lugar para
estirar los músculos y evitar calambres, además de admirar el paisaje alrededor
suyo: casas de estilo colonial en bonitos colores y una vegetación abundante.
Luego
de descansar por un largo rato, decidió emprender el camino de regreso. Esta
vez, lo haría caminando y con Daft Punk de fondo. Colocó el tema 7 del álbum
Random Access Memories para comenzar. Iba relajado y feliz, pues había liberado
las tensiones acumuladas de la semana. Quería sorprender a su esposa llevando
algo para almorzar, entonces pensaría en el menú. Iba distraído con la canción
Kiss,
suddenly alive
happiness
arrive
y por eso no vio a una mujer que venía en sentido contrario, probablemente con
el mismo destino que él e inevitablemente chocaron.
-¡Discúlpame!
No me di cuenta que venías. – dijo Andrés.
-No
te preocupes, estoy bien- respondió la mujer, una joven atractiva según pudo
apreciar él.
Ella
continuó hacia el pico mientras él prosiguió con su camino, no sin antes
reparar en la mujer que había tropezado. En su espalda, que dejaba entrever el
top que llevaba, pudo apreciar un hermoso tatuaje de una estrella de 6 puntas.
Andrés decidió entonces que llevaría comida china.
Luego
de llegar a la ciudad, se encaminó a un conocido establecimiento de comida
china cerca de su casa. Caminó a lo largo de dos cuadras, suficiente para
percatarse de la decrepitud en que estaba sumida la metrópoli. Smog, tráfico
abundante, gente apresurada de un lado a otro, en total asincronía con el
ambiente que acababa de dejar atrás. A lo largo del trayecto, 5 mendigos que había
en la calle le recordaron la miseria que él mismo vivió hace tantos años,
cuando tenía que pedir dinero en la calle de niño. Compró las raciones de arroz
con camarones y costillas de cerdo y además unas lumpias para los mendigos que
estaban a la intemperie.
Feliz
por su buena acción del día, Andrés regresó a casa, donde Natalia estaba
recogiendo unas cosas.
-¿Qué
tal la caminata, amor? – le preguntó.
-Relajante,
justo lo que necesitaba – respondió él.
-Traje
comida china para almorzar, cariño – agregó.
-Chévere,
voy a acomodar la mesa entonces.
Natalia
acomodó dos platos con cubiertos y agregó 4 velas para darle romanticismo a la
escena. A pesar de notar cierto distanciamiento de parte de ella, Andrés la
amaba con todas sus fuerzas y siempre buscaba un instante para estar juntos, a
pesar de que el trabajo lo absorbía la mayor parte del tiempo.
El
almuerzo transcurrió normalmente, casi hasta llegar a la monotonía. Conversaron
de varios temas sin profundizar demasiado en ninguno. Andrés mencionó el
incidente con la joven en la montaña y también cómo había ofrecido comida a los
mendigos. Al final, él procedió a recoger los trastos sucios para lavarlos. Uno
de los platos se le resbaló de las manos y cayó al suelo, quebrándose en 3
pedazos, que impresionaban por su simetría. Andrés levantó los restos y se
deshizo de ellos.
Natalia
mientras tanto aprontaba unos improvisados postres, 2 rebanadas de torta negra
que había traído a la casa el día anterior. Andrés se sentó junto a Natalia
para comerse su rebanada, que agradeció con un apasionado beso. Eran felices, y
para Andrés eso significaba todo…
Natalia
sugirió que podrían beberse 1 botella de champaña de las que tenían en el
mini bar y así terminar el almuerzo fabuloso que acababan de tener. Andrés
accedió gustoso y buscó dos copas altas para que ella sirviera la espumante
bebida. Mientras ella servía, él salió al balcón a atender una llamada urgente
de un colega de la firma. Terminada la breve charla, levantaron las copas y
bebieron juntos, felices. Andrés advirtió un leve aroma a almendras, pero
supuso que era propio de la champaña…
Al cabo de tres minutos, Andrés moría producto de una parálisis respiratoria, a causa del cianuro que Natalia había colocado en su bebida.
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