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Números (parte 2)

Ese sábado, Andrés se levantó al compás del despertador a las 10 am. Cepilló sus dientes y tomó un desayuno ligero, pues tenía pensado subir la montaña a despejarse un poco. Necesitaba ese paseo porque la semana anterior había sido pesada, con disputas en el trabajo incluidas. Era abogado litigante en una importante firma y los casos intensos eran pan nuestro de cada día. Se calzó sus zapatos para correr y salió, despidiéndose de su esposa al salir. Andrés caminaba ahora por la calzada, con paso sosegado mientras escudriñaba a su alrededor procurando encontrar un quiosco y así comprar la prensa de ese día. Unos tres kilómetros después encontró un pequeño puesto de chucherías aislado a un lado del camino y decidió detenerse para leer la prensa.

Asesinadas tres personas la noche del viernes
Accidente en la autopista deja ocho muertos
¡Escándalo de corrupción en el gobierno!

Un Día Fracturado

    

A

Aquel día te levantas de la cama. Un sopor obstinante nubla tus sentidos pero inexorablemente caminas fuera, buscando alguna señal de existencia diciendo qué debes hacer. En lugar de ello, consigues una ventana a la nada, esta vez te muestra una réplica de ti mismo, llevándote a una falsa percepción del presente. ¿Qué logras? No, no te alejas de la realidad. Peor aún, ella huye de ti. Irónicamente quieres perseguirla, alcanzarla. Finges felicidad, que todo está bien... tu honesta estupidez impide tu salida de ese gran océano negro en el que estás inmerso, pero tranquilo, él no recordará nada después. Intentas ahora con tu lado B. Pero seamos francos, la melancolía no te va. ¡Despierta! Sal de esa repetición onírica, nada más patético que un día infinito. Puedes tomar tu medicina, líquida de color otoño; pero eso no disimulará tu estado febril, das lástima. ¿Qué pasa? Acelerar tu marcha no detendrá el tiempo, que ahora se ha puesto en tu contra. Un enemigo invisible te acecha y no puedes contenerlo... No hay diferencia entre noche y día para ti. Ríes perturbadoramente y eso despista a los demás, que miran recelosamente, queriendo hurgar aquí... pero tu retraimiento es extrañamente efectivo. ¡Levántate! De seguir así perderás a los que más quieres. No cuestiono tu amor por ellos, cuestiono tu potencial. Derrota tus demonios, ellos se reducirán a nada. Todo está aquí. Tu paranoia e irrealidad es aparente. ¿Eso crees? ¡Despierta! No te asustes, provocarás una histeria colectiva. Así. Eso es, estás entendiendo ahora. Sólo relájate y espera que una linda dama traiga tu cena. Disfrútala, que serán muchas en tu nuevo paraíso de color blanco.

R su demonio y su amigo canino IV

Prueba Máxima
R necesitaba revivir a su amigo canino. Una manera sería retrocediendo en el tiempo hasta el momento en el cual había dado muerte a C. Pero viajar en el tiempo no parecía estar dentro de las potestades de su demonio. Se le ocurrió entonces que debía dirigirse a playa P donde se encontraban parte de los restos del canino, enterrados en la arena y dispersos en el agua. Pensó que a partir de ellos, e invocando con sus poderes las reacciones bioquímicas necesarias que permitiesen invertir la putrefacción y el desmembramiento sufrido, podría regenerar el cuerpo de su amigo y este ser habitado por su espíritu vagante. Sea como fuere debía hacer el intento de recuperar la vida de C. No soportaba la responsabilidad de su desaparición prematura.

R su demonio y su amigo canino III




Enfermedades
R se dirigió temprano en la mañana a acompañar a su tía T al hospital donde se le practicaba la hemodiálisis. Se turnaban entre varios familiares para hacerle compañía a las sesiones, y esta vez era su turno. Aunque su condición de salud era delicada, su estado de ánimo ante las adversidades era envidiable. Quizás por su carácter de fiel practicante religiosa.

R su demonio y su amigo canino II



C

En su casa hubo varios perros. R conocía del elevado afecto que se puede sentir por un ser incondicional. Lo sabía por experiencia propia. Una experiencia que constituía uno de los recuerdos de su infancia. A sus seis años, poco antes de que su primera hermana naciera, presenció la muerte de su primera mascota, quien solo viviría pocos meses. Su primer perro moriría al ser atacado por un animal venenoso que se encontraba en el jardín de la casa. El mismo veneno que pudo haber alcanzado al niño R de no ser por la defensiva del cachorro. Quizás los pocos meses que duró la vida de su primer perro, o su inocencia a sus 6 años de vida, no lo conllevaron a un sentimentalismo. R no lloró la muerte de su primer perro, pero sí la entendió. El hecho le había llevado a comprender el fin de la existencia de un ser cercano.

R su demonio y su amigo canino I

Eureka – Edgar Allan Poe (1848)

“No es posible algún proceso cuyo único resultado sea transferir calor continuamente de un cuerpo hacia otro, que se encuentre a una temperatura más elevada.”
Enunciado de la 2da Ley de la Termodinámica - Rudolf Clausius (1854)

El Río

Después del éxito de su primera prueba, quería realizar algo más grande, donde sintiese integración con la naturaleza. A su séptimo día de práctica se dirigió a las montañas del sur, donde abundaban ríos de mediano cauce. Estos eran frecuentados por lugareños y algunos turistas que asistían por las complicadas y escasas vías de transporte que comunicaban la serranía. Tenía que esperar hasta horas de la noche para cerciorarse que nadie se encontrase cerca de la zona. Si alguien presenciaba su experimento podría enloquecer, y si alguien lo identificaba, rápidamente sería divulgado su poder sobrenatural, lo cual deseaba evitar totalmente. Al anochecer, caminó río arriba, observando que no hubiese presencia humana en los alrededores. Comenzaría entonces con su osada petición.