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Un Día Fracturado

    

A

Aquel día te levantas de la cama. Un sopor obstinante nubla tus sentidos pero inexorablemente caminas fuera, buscando alguna señal de existencia diciendo qué debes hacer. En lugar de ello, consigues una ventana a la nada, esta vez te muestra una réplica de ti mismo, llevándote a una falsa percepción del presente. ¿Qué logras? No, no te alejas de la realidad. Peor aún, ella huye de ti. Irónicamente quieres perseguirla, alcanzarla. Finges felicidad, que todo está bien... tu honesta estupidez impide tu salida de ese gran océano negro en el que estás inmerso, pero tranquilo, él no recordará nada después. Intentas ahora con tu lado B. Pero seamos francos, la melancolía no te va. ¡Despierta! Sal de esa repetición onírica, nada más patético que un día infinito. Puedes tomar tu medicina, líquida de color otoño; pero eso no disimulará tu estado febril, das lástima. ¿Qué pasa? Acelerar tu marcha no detendrá el tiempo, que ahora se ha puesto en tu contra. Un enemigo invisible te acecha y no puedes contenerlo... No hay diferencia entre noche y día para ti. Ríes perturbadoramente y eso despista a los demás, que miran recelosamente, queriendo hurgar aquí... pero tu retraimiento es extrañamente efectivo. ¡Levántate! De seguir así perderás a los que más quieres. No cuestiono tu amor por ellos, cuestiono tu potencial. Derrota tus demonios, ellos se reducirán a nada. Todo está aquí. Tu paranoia e irrealidad es aparente. ¿Eso crees? ¡Despierta! No te asustes, provocarás una histeria colectiva. Así. Eso es, estás entendiendo ahora. Sólo relájate y espera que una linda dama traiga tu cena. Disfrútala, que serán muchas en tu nuevo paraíso de color blanco.

Declaración de una Estrella



Desde hace muchos años decidí o descubrí que soy una estrella. No sabía a ciencia cierta por qué, pero sé que soy una de ellas, hace poco lo entendí.

Fantaseando esperanza a la Venezolana (III).

En su primera mañana en casa de Luisa, extrañó al momento del desayuno las 'pelúas' que Arminda le solía preparar. Sin embargo, no comentó nada al respecto pues estaba dispuesta y ansiosa de vivenciar la mayor cantidad de experiencias que fueran común entre los humanos con los que ahora vivía.

Con la pequeña Nathalia le gustaba hablar y jugar. Ella le recordaba ese lugar de dónde ella venía. Lo que más le gustaba era escuchar a Nathalia hablar de la excelente maestra que sería cuando fuera grande. Podía ver brillar las cuentas que habían sido colocadas en el alma de Nathalia al momento de su creación, cuando la niña le pedía que hiciera de alumna para ella. Las cuentas brillaban en todo su esplendor, y ella podía verlas a través de sus grandes ojos negros.



Conoció a través de las vivencias de Luisa, sobre aquellos sentimientos que le habían advertido en su mundo, que tenían los humanos y que ella no comprendería. Se dió cuenta por las conversaciones que tuvo con Luisa, que ella tenía su corazón herido por el engaño.  Pero jamás entendió muy bien eso del engaño, cual era su fin, porque lo hacían los humanos si no conducía a nada bueno, por el contrario dañaba corazones.También conoció en carne propia el rechazo y la indiferencia. Porque a pesar de sus esfuerzos por encajar y adaptarse al lugar donde ahora vivía, en el barrio nunca la dejaron de ver como "la loca". Cuando le preguntaban de donde venía o sobre su familia, sus respuestas, esos relatos de lunática la llevaron a cargar con ese sobrenombre todo el tiempo. Incluso después, cuando se volvió una persona más reservada y callada con sus cosas. Como no pudo trabajar, porque ¿quién le iba a dar trabajo a esa loca? Se quedaba en casa ayudando con el quehacer, pero casi no salía y prefería no ser vista por las personas que llegaban de visita a la casa. Ayudaba en todo cuanto podía, pero inevitablemente se convirtió en una carga económica para la pequeña familia
.


Con el tiempo, las cuentas a través de los ojos de Nathalia brillaban cada vez menos, y ya no quería ser maestra, paseó sus deseos por varias profesiones hasta que, a la edad de 17 años decidió que estudiaría enfermería. De los muchachos que Nathalia llevó a la casa y presentó como su novio, sólo se atrevió a hablarle a Alejandro.

Fantaseando esperanza a la Venezolana (II).


Hoy, mientras veía la noche serena y fría, a través de la ventana, sentía que casi podía revivir esos momentos con sólo sostener la pequeña cuenta que tenía ahora entre sus dedos. Se parecía mucho a las que ella había fabricado por tanto tiempo, y antes de ella las hacía Inocencia, y antes... ¿quién sabe? igual da. Ya ella está acá ahora, sin sus instrumentos y sin los pétalos mágicos, sosteniendo una esfera pequeña pero que al lado de sus cuentas era enorme. En el color se parecían más, ambas son de un blanco perlado brillante. Pero esta que sostenía hoy entre sus dedos, no podría jamás ser colocada en el alma de nadie, como habían sido colocadas todas y cada una de las que ella había fabricado.

Después de trabajar un buen rato, le gustaba ir a hablar con su padre mientras lo observaba trabajar. Después iba con su nana a escucharle contar alguna maravillosa historia, sobre su paso por ese otro mundo. Escuchó tal cantidad de cuentos de Arminda, que casi podría escribir un libro con su vida. Le habló sobre los trabajos que realizó, de las cosas que aprendió, de su familia, de los lugares que vio, de las costumbres y tradiciones de aquel pequeño lugar del planeta que le tocó habitar.
De esas historias fue que conoció a Luisa, la hija de Arminda. A penas llegó a este mundo se dio a la tarea de buscarla. Por suerte Luisa no había cambiado de residencia luego de la partida de Arminda de este mundo, eso le facilitó el encontrarla.



Para Luisa fue toda una sorpresa conseguirse, a su regreso del trabajo, a su pequeña hija de 9 años sentada a las puertas de su casa conversando alegremente con una joven, que si bien parecía dulce e inofensiva, era una completa extraña. ¿Cuántas veces más debería decirle a Nathalia que no hable con extraños? Pero lo que jamás se esperó fue la respuesta de su hija, quien le respondió que la joven no era una extraña puesto que conocía a su abuela Arminda. Le pareció extraño dado que jamás la había visto, no la recordaba de forma alguna. Pero igual la hizo pasar a su hogar, para saber en más detalle de dónde conocía a su ya fallecida madre y por qué había llegado ahora a su casa.


Su sorpresa fue mayor cuando la joven le comenzó a hablar de su madre como si recién la acabara de ver, como si aun viviera. Tampoco recordaba que su madre le hubiese hecho referencia a ninguno de los personajes que la muchacha nombraba o describía y para los que según la joven, Arminda estaba trabajando y no trabajaba, como correspondería a la memoria de la difunta. Le pareció más bien una gran falta de respeto a su memoria de parte de una lunática y estuvo a punto de perder el control y sacarla de su casa a gritos. Cuando de repente se quedó petrificada al escuchar a la muchacha que tenía en frente, a quien jamás había visto en su vida, y de quien jamás había escuchado referencia alguna, nombrar a Pedro. ¿Cómo podría aquella desconocida saber algo tan privado de su familia? ¿Cómo sabía algo que había sido por años un doloroso silencio en la boca de Arminda? Pedro, su historia era tan pequeña como lo fue su corta vida, pero al igual que las pequeñas heridas de dolor insoportable, su recuerdo fue un dolor anidado en el corazón de madre de Arminda, quien perdió a su pequeño Pedro en el mismo momento del parto. Arminda no nombraba ese acontecimiento a cualquiera, jamás lo hubiese nombrado por error o casualidad. Sólo lo sabían los seres más allegados. Por lo que finalmente decidió acoger a la joven en su hogar, al menos por los momentos. Igualmente la idea de tener a alguien cercano a su madre, era como una pequeña caricia en el alma de Luisa. Y quien sabe, quizás esa pequeña confusión temporal era sólo el resultado de los recuerdos confusos en una pequeña cabeza trastocada, y despues de todo, fue Arminda quien le inculcó el ayudar a los más necesitados y desamparados, y al parecer esta muchacha entraba en ese calificativo.