Nosotros como ángeles y como demonios I

Es curioso como de todos los temas posibles para conversar con tus compañeros de oficina, terminas cayendo tres veces en una misma semana en el tema místico/religioso. Eso me pasó esta semana y comparando las coincidencias y diferencias en las diferentes conversaciones, se me ocurrió ahondar un poco más en el tema, pero a mi estilo.

Este tema ha sido etiquetado fuertemente por la sociedad como tema tabú. ¿Por qué? ¡Obvio! es un tema netamente de creencia. Demostramos qué es lo que nos mueve internamente para validar en nuestra vida una u otra creencia. Mostramos aquello en que nos basamos espiritualmente para llevar nuestros días y al estar expuesto, fácilmente puede ser enjuiciado y por tanto nos sentimos vulnerables. Entendemos entonces que la religión es prácticamente un tema que involucra nuestra la personalidad. Como cuando llevamos un pantalón que nuestra mejor amiga nos dijo que no le gustaba, pero no nos importa lo que diga nadie e igualmente lo llevamos porque nos gusta y nos sentimos cómodos con esta ropa. Pues también estamos en una u otra religión porque nos gusta, nos convenció y nos sentimos cómodos en ella, entonces ¿por qué prestar atención a los juicios externos si es un asunto of our deep self inside?
Aun cuando varios logran superar esa primera barrera, existe otra a la que damos aún mucha más fuerza, el miedo a enfrentar a ese (nuestro) lado oscuro. Todos hablan de Dios (o dioses en el caso de los politeístas) con una facilidad a veces hasta promiscua. Pero cuando toca hablar del mal o ese lado dark que toda creencia lleva consigo, todos se incomodan, surgen los nervios, gente que evita el tema, los más valientes expresan que no les gusta hablar de ‘eso’, en fin, pareciera haber más temor del mal que del bien. Nuevamente esta conducta se puede entender si observamos que esa figura o figuras del mal son la representación de nuestros miedos, de nuestros sentimientos más bajos, de nuestras resistencias, de nuestras pasiones mal canalizadas. En fin, es una parte de nosotros mismos que usualmente buscamos obviar, tapar. Estamos reconociendo ese mal en nosotros, somos su origen y su casa, nos sentimos vulnerables, juzgados (porque ¿Quién determina realmente lo que es bueno o malo?) y el mayor de nuestros miedos: nos recuerda que debemos trabajar para salir de nuestra zona cómoda y así deshacernos/mejorar ese “mal” que hay en nosotros.
Por qué no reconocer tanto el mal como el bien como parte natural de nuestra naturaleza, sobre la cual hay que trabajar y mejorar, si todas las religiones en sus distintas presentaciones envuelven ambos conceptos: Dios/Satanás, Itzamná/Ah Puch, Jehová/Moloc, Zeus/Hades, Buda/Mara, Júpiter/Plutón y un largo etcétera.
Podría tratar una revisión rápida acerca de la clasificación de los demonios, pero como en promedio la gente es más cerrada a leer sobre estos, lo dejaremos para la publicación del 17 de este mes. Por ahora hablemos sobre los niños buenos de la casa, conozcamos un poco de los ángeles, en líneas generales, sin remitirnos a ninguna religión en particular.
La primera tríada o coro de ángeles es aquella que rodea el trono de la Divinidad, y está conformada por los serafines, Querubines y Tronos, siendo sus atributos el amor la sabiduría y el poder.
Los Serafines, son ángeles de puro amor, luz y fuego. Son los más cercanos a la divinidad: “unos serafines se mantenían de pie por encima de él; cada uno tenía seis alas; con un par se cubrían la faz, con otro par se cubrían los pies, y con el otro par aleteaban” (Isaías 6:2). Se concentran en manifestaciones vibratorias para mantener la divinidad constante e intacta. Se aseguran que nada complique las cosas, que ninguna energía negativa consiga comunicarse con la divinidad. ¿Transmitimos suficiente amor, claridad y pasión a nuestro alrededor? ¿Protegemos lo más importante y sagrado para nosotros con esta energía? Quizás debamos fortalecer aún más nuestro serafín interno.
Los Querubines, son seres con “cara de hombre, y cara de león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila(Ezequiel 1:10) Una de sus competencias es guardar la entrada del Paraíso, o visto de otra perspectiva guardan la Luz y las estrellas. Además protegen cualquier templo religioso. Nuestro universo ¿cuáles son los límites de nuestro universo personal? ¿los conocemos? ¿los expandimos?
El último eslabón son los Tronos, considerados el asiento sobre el que se encuentra la divinidad, de ahí su nombre, ya que se considera que todo el poder de la Divinidad descansa en sus hombros Están asignados a los planetas, son identificados por tener alas sembradas de muchos ojos, por lo que se les considera una especie de detectives para la divinidad. ¿Cuáles son nuestras bases? ¿Estamos atentos a todo lo que nos rodea? ¿Observamos o vemos?.
La Jerarquía de Imperio o segundo coro representa las perfecciones divinas que pueden alcanzar las criaturas, está constituida por las Dominaciones, las Virtudes y las Potestades.
Las Dominaciones reciben este nombre por el poder que ejercen sobre los coros inferiores para integrar lo material con lo espiritual. Portan ornamentos de autoridad como cetros u órbitas. Trabajan para cerciorarse que la humanidad sea feliz. ¿Cómo nos comportamos en situaciones de liderazgo? ¿Ponemos nuestro liderazgo, nuestros talentos, a servicio?
Las Potestades llevan el registro de la historia humana, por ello son los encargados de enviarnos mensajes cuando corremos algún peligro. Un ejemplo de potestad es el famoso ángel de la muerte. Organizan las religiones del mundo y ejercen su poder sobre los demonios. ¿Llevamos registro de nuestra historia o andamos tropezando una y otra vez con la misma piedra por no prestar atención de las lecciones?
Las Virtudes inspiran a las grandes almas, confieren gracia y valor. ¿Qué nos inspira, qué nos mueve?
La Jerarquía Ejecutiva o Tercer Coro es la encargada de llevar a cabo las órdenes de la Divinidad. Es la que se encuentra en relación directa con los hombres, motivo por el cual varios de sus componentes han sido objeto de una caracterización iconográfica específica. Esta jerarquía está constituida por los Principados, los Arcángeles y los Ángeles encargados de custodiar a las naciones y a cada hombre en particular.
Los Principados son los guardianes de grupos grandes como continentes, países, etc. Vigilan a los líderes humanos para ayudarlos a tomar las decisiones correctas en los asuntos humanos. ¿Somos reyes o reinas de nuestras vidas? O por el contrario abandonamos nuestra capacidad de toma de decisiones en otros y luego ponemos en sus hombros la responsabilidad de las consecuencias de nuestros actos.
Los Arcángeles son las fuerzas especiales de la Divinidad y suelen ser identificados a través de un nombre particular: Miguel, Gabriel y Rafael son los miembros de esta categoría reconocidos por la Iglesia Romana, mientras que en el mundo bizantino a éstos se une Uriel, encargado de custodiar la puerta del Paraíso. Gabriel es el mensajero de la Encarnación de Cristo, el arcángel de la Anunciación, y por tanto símbolo de la fuerza de la Divinidad. El arcángel Rafael es el encargado de curar las enfermedades espirituales y temporales. Un caso distinto es el del arcángel Miguel, considerado como el primer mensajero de Dios y como el jefe y general del ejército celestial. Su misión de guerrero se una a la de sostener la balanza para proceder al pesaje de las almas en el momento del Juicio Final.
Los Ángeles son los asignados a cada persona en particular, conocidos coloquialmente como nuestro ángel guardián. Se relacionan con los asuntos humanos y las manifestaciones físicas. ¿Qué tanto nos cuidamos?


Nos identificamos o podemos ser más “ángeles” con nosotros mismos. Ya veremos que tal nos va con los chicos malos de la casa en dos semanas.

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