Pues bien, iniciamos este nuevo ciclo de Juegósfera con una
pequeña reseña de mi parte, un gran aficionado a los videojuegos desde que por
primera vez vio a Pacman tragando pepitas y huyendo de fantasmas en el
televisor de uno de mis primos mayores. ¿Qué tiene eso de impresionante? Para
un niño de cinco años pisando la frontera entre la década colorida de los
ochenta y los expectantes y tan tecnológicos noventa, ver a alguien manejar a
través de un control a un personaje en la televisión era bastante fascinante.
En fin, creo que lo que me llegó a fascinar desde pequeño fue la
posibilidad de crear mundos desbordantes de color e imaginación, el poder ser
lo que quieras en donde quieras y haciendo lo que quieras; es lo más parecido
que he conocido a leer un buen libro (uno bueno de verdad). Y lo digo en serio,
vamos ¿qué sería más extremo que ser un círculo amarillo en medio de un
laberinto, rodeado de fantasmas de colores? Es un concepto tan simple, que es,
literalmente, brillante.
En efecto, lo primero que hice al llegar a casa fue dibujar a un
Pacman atrapado en un castillo gigante rodeado, no de cuatro, de veintidós
fantasmas, todos de colores diferentes, y cada uno con un poder distinto.
¿Quién dijo que los videojuegos atrofiaban la mente? He sido un convencido toda
mi vida de lo contrario. Yo mismo llegué a una idea que sería explotada por
miles de futuros videojuegos, y por mi propia cuenta antes de conocer conceptos
como Megaman o Kirby.
Actualmente, en cuanto a videojuegos se refiere, podemos contar
muchos géneros con infinitas variaciones: Aventura, deportes, puzles,
platforming, pelea, RPG, y por supuesto las diferentes mezclas entre ellos;
cada uno cuenta con gran cantidad de seguidores alrededor del mundo. Sin
embargo en un principio, los videojuegos eran sencillamente una manera
alternativa de entretenimiento, uno de los primeros fue creado en 1972, y fue
el primero en comercializarse a nivel masivo.
En ese sentido, Pong no era otra cosa sino una versión de tenis
resumida a un par de barras blancas a cada lado de una pantalla negra, entre
las cuales rebotaba una bolita; sobra decir que el objetivo era conseguir más
puntos que la computadora haciendo que ésta fallara al devolver la bolita. De
la misma manera, otros juegos hicieron aparición en consolas individuales, y
luego en la primera consola casera, el Atari 2600, la cual contaba con la
novedad de poder intercambiar los juegos. La mayoría de los juegos
desarrollados para esta consola eran, al igual que Pong y Pacman,
entretenimiento en su sentido más puro: sin trama, sin historia ni personajes,
¡ni siquiera final! El reto personal estaba en superar la puntuación que
quedaba registrada en el sistema (y si no tenías Atari podías dejar tus
iniciales registradas en los primeros lugares del Tetris de las maquinitas del
Country Club de Maracay, ¿qué es más genial que eso?).
Unos años más tarde sería Nintendo quien se encargaría de
cambiar para siempre el paradigma de los videojuegos, lanzando al mercado su
propia consola casera, la NES, e incluyendo con su compra uno de los juegos más
conocidos a nivel mundial: SuperMario Bros. El plomero conocido por todos se
convertiría pronto en un ícono de asociación directa con la marca, es imposible
separar ambas cosas, el mismo tenía que viajar por el reino de los hongos a
buscar a la Princesa Toadstool, la cual había sido secuestrada por el Rey de
los Koopa,(¡una trama! Pero dejémosla así, sin ahondar mucho en ella). En fin,
el juego termina cuando al octavo intento consigues a la princesa en el castillo
correcto.Claro, luego puedes repetir el juego infinitas veces hasta superar tu
puntaje, pero tenías el poder de pensar si te sentías lo suficientemente
satisfecho contigo mismo al haber rescatado a la princesa, el juego tenía un
final, así como un esbozo de personajes principales y secundarios (Luigi, Toad
y sus infinitas variaciones).
Paralelamente, diversas e importantes compañías como Capcom, Tecmo,
HudsonSoft, Enix, Square y Konami comienzan a invertir ideas y conceptos para
desarrollar juegos adaptables a esta consola, y poco a poco cada una de ellas
empieza a especializarse en un género específico y a crear sus propios íconos à la Mario, para de esta forma llegar a
un público mucho más amplio.De esta manera también, cada una va incorporando
elementos que permiten pulir la imagen del videojuego perfecto, y uno de estos
elementos es el password, ¡así evitamos el tener que descontinuar nuestra
aventura por el Fortress de hielo en SMB3, y perder todo el progreso conseguido
por tener que ir a un curso de inglés! (no es que me haya pasado y que esté
resentido al respecto, nada que ver). Otra movida inteligente fue la inclusión
de mejores finales a los juegos, de esa manera se compensaba el gran reto que
suponía terminarlos (¡los videojuegos de antes, a diferencia de los de ahora,
eran realmente difíciles! ¿Ah no? Intenta terminar el primer juego de las
Tortugas Ninja para el NES y prueba que eres un verdadero gamer, o vete a
cultivar margaritas en tu granja de Facebook).
En fin, lamentablemente se acabó el espacio cedido, ¡el tema es
tan amplio y fascinante que es difícil no extenderse! Pero no se preocupen, la
semana que viene venimos con más bits para ustedes. 16 y 64 específicamente,
¿entienden, entienden? :D *grillos* Bueno, quizás no haga buenos chistes, pero
terminé el primer juego de las Tortugas Ninja en el NES original… ¡Dos veces!
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