Mostrando entradas con la etiqueta juego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juego. Mostrar todas las entradas

De 16 y 64 bits



Continuamos con esta edición de Juegósfera haciendo un recuento sobre todo aquello de los videojuegos que nos hace delirar. Quedamos en la publicación pasada haciendo notar cómo los videojuegos fueron evolucionando, a fin de ir puliendo un concepto más moderno, el cual lo diferenciaría de los clásicos de arcadia. Lo primero fue la creación de una consola casera que permitiera intercambiar los juegos a utilizar, y lo segundo fue la incorporación de elementos como passwords, historias y finales asombrosos, a fin de minimizar el tedio y aumentar la diversión.  


Juegósfera

Pues bien, iniciamos este nuevo ciclo de Juegósfera con una pequeña reseña de mi parte, un gran aficionado a los videojuegos desde que por primera vez vio a Pacman tragando pepitas y huyendo de fantasmas en el televisor de uno de mis primos mayores. ¿Qué tiene eso de impresionante? Para un niño de cinco años pisando la frontera entre la década colorida de los ochenta y los expectantes y tan tecnológicos noventa, ver a alguien manejar a través de un control a un personaje en la televisión era bastante fascinante.

En fin, creo que lo que me llegó a fascinar desde pequeño fue la posibilidad de crear mundos desbordantes de color e imaginación, el poder ser lo que quieras en donde quieras y haciendo lo que quieras; es lo más parecido que he conocido a leer un buen libro (uno bueno de verdad). Y lo digo en serio, vamos ¿qué sería más extremo que ser un círculo amarillo en medio de un laberinto, rodeado de fantasmas de colores? Es un concepto tan simple, que es, literalmente, brillante.

Recordando vivencias ajenas.

La vida es un juego de desear y desechar las diversas cosas, situaciones y personas, que en la vida se nos presentan. Hay algunas de estas cosas, situaciones y personas, las cuales deseamos; y que, a pesar de llenarnos de valor y superar uno de los más grandes obstáculos que nos separa de ellas, el temor al fracaso y decidirnos a avanzar e ir por ellas, de una u otra forma se nos son negadas.

Nos molestamos, lo lamentamos o sentimos cualquier otro u otros sentimientos propios de la situación. Pero muchos no se ocupan de ver más allá de la razón obvia por la cual no logramos lo que deseábamos. Hace poco, un amigo me enseñó que si lográsemos alcanzar alguno de esos deseos negados es muy probable que descubramos que no todo es como le imaginamos, que a veces es mejor guardar su recuerdo como una bella ilusión. Que si lo lográsemos, no brillaríamos como hoy lo hacemos. La vida nos lleva a ese lugar que nos permite crecer, aprender, disfrutar y brillar más que en cualquier otro. Donde más se nos necesita, y no donde seremos sólo una sombra; donde más nos puedan ayudar y no donde está lo que ya hemos aprendido. La vida nos abre las puertas de los lugares donde realmente encajaremos y no donde después de un tiempo y pasada la ilusión de lo logrado, nos sintamos incómodos y lo abandonemos decepcionados. En estos deseos negados probablemente hubiésemos sido buenos, pero en los deseos concedidos, puedo afirmar, que somos mejores. Esta es sólo una de las muchas razones por las cuales hay sueños negados.

A ratos lo sospechaba, pero no es lo mismo suponer que ver cuando alguien más lo vive. ¿Quién dijo que no se puede aprender de la experiencia ajena?

Modificado del escrtio del 02 febrero 2007, bajo el mismo nombre.