Mostrando entradas con la etiqueta play. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta play. Mostrar todas las entradas

De 16 y 64 bits



Continuamos con esta edición de Juegósfera haciendo un recuento sobre todo aquello de los videojuegos que nos hace delirar. Quedamos en la publicación pasada haciendo notar cómo los videojuegos fueron evolucionando, a fin de ir puliendo un concepto más moderno, el cual lo diferenciaría de los clásicos de arcadia. Lo primero fue la creación de una consola casera que permitiera intercambiar los juegos a utilizar, y lo segundo fue la incorporación de elementos como passwords, historias y finales asombrosos, a fin de minimizar el tedio y aumentar la diversión.  


Juegósfera

Pues bien, iniciamos este nuevo ciclo de Juegósfera con una pequeña reseña de mi parte, un gran aficionado a los videojuegos desde que por primera vez vio a Pacman tragando pepitas y huyendo de fantasmas en el televisor de uno de mis primos mayores. ¿Qué tiene eso de impresionante? Para un niño de cinco años pisando la frontera entre la década colorida de los ochenta y los expectantes y tan tecnológicos noventa, ver a alguien manejar a través de un control a un personaje en la televisión era bastante fascinante.

En fin, creo que lo que me llegó a fascinar desde pequeño fue la posibilidad de crear mundos desbordantes de color e imaginación, el poder ser lo que quieras en donde quieras y haciendo lo que quieras; es lo más parecido que he conocido a leer un buen libro (uno bueno de verdad). Y lo digo en serio, vamos ¿qué sería más extremo que ser un círculo amarillo en medio de un laberinto, rodeado de fantasmas de colores? Es un concepto tan simple, que es, literalmente, brillante.