Nadie ha dicho que se
trate de una tarea sencilla esto de salir a flote luego de ahogarnos en el
desamor (cursi pero cierto), pero luego de un lapso de tiempo prudencial, es
perentorio ver la luz al final del túnel y tomar la decisión de liberarnos de este auto-castigo para descubrir la
felicidad que hay en todo lo que está a nuestro alrededor. Sin embargo, ¿Qué
ocurre cuándo, más allá de la teoría, sientes que tienes el deseo de salir del
foso (porque en el fondo a nadie le gusta la sal de las lágrimas en el rostro),
y no ves el horizonte más allá de tu televisor sintonizando Titanic?. Sí, me ha
pasado… y no una, sino varias veces, pero si hay algo que he aprendido de ello
es a evolucionar, a sacarle partida de lo bueno y a continuar mi camino sola, pero mucho más fortalecida que
cuando comencé a transitar el sendero acompañada por aquel ser tan incompatible
conmigo.