R su demonio y su amigo canino I

Eureka – Edgar Allan Poe (1848)

“No es posible algún proceso cuyo único resultado sea transferir calor continuamente de un cuerpo hacia otro, que se encuentre a una temperatura más elevada.”
Enunciado de la 2da Ley de la Termodinámica - Rudolf Clausius (1854)

El Río

Después del éxito de su primera prueba, quería realizar algo más grande, donde sintiese integración con la naturaleza. A su séptimo día de práctica se dirigió a las montañas del sur, donde abundaban ríos de mediano cauce. Estos eran frecuentados por lugareños y algunos turistas que asistían por las complicadas y escasas vías de transporte que comunicaban la serranía. Tenía que esperar hasta horas de la noche para cerciorarse que nadie se encontrase cerca de la zona. Si alguien presenciaba su experimento podría enloquecer, y si alguien lo identificaba, rápidamente sería divulgado su poder sobrenatural, lo cual deseaba evitar totalmente. Al anochecer, caminó río arriba, observando que no hubiese presencia humana en los alrededores. Comenzaría entonces con su osada petición.

Tocó el agua del río, algo fría para lo cálido de su tierra. Se bañó en este, sintiendo su caudal. Sintió también la leve brisa y la luz de la luna. Entonces comenzó su meditación con sincronizada respiración y movimientos corporales. Minutos luego de iniciar su trabajo de concentración mental, sintió que estaba preparado para dirigir su concierto. Esta vez sería una sinfonía de energía gravitatoria, potencial, cinética y térmica. Y comenzó la función: La fuerza y velocidad del agua disminuyeron lentamente, hasta detenerse al cabo de unos minutos. Se sentía poderoso. Con su deseo controlaba todo el peso de millones de litros del líquido del río,  que se encontraba estático desde su cabecera hasta su desembocadura a varios kilómetros en el mar. Continuó entonces con la manifestación de su poder. Sus manos que se movían casi de manera autómata, pero controladas por su subconsciente, comenzaban a pedir que la violación a la gravedad fuese aún mayor, y que el agua fluyese río arriba. Así comenzó a suceder, el río fluía a la inversa. Y desde donde se encontraba pudo observar hacia lo alto de la montaña, como una nubosidad comenzaba a formarse, resultado de la evaporación del agua que se acumulaba en la cabecera del río y resultado de una lluvia ascendente.
Mantuvo la escena por unos minutos. Al sentirse satisfecho con su hazaña, su meditación permitió que todo regresase a la normalidad. Volvió a realizar este experimento durante los siguientes seis días, cada vez en un río distinto, cada vez de manera más rápida, cada vez con mayor fuerza, llegando inclusive a arrastrar piedras y arbustos con el caudal inverso.

R
R vivió por varios años en las torres residenciales más altas del este de la ciudad capital. Desde allí pudo presenciar la metamorfosis que la ciudad sufría. El paseo comercial y empresarial que se encontraba a escasas dos cuadras del edificio que le servía de domicilio, era muy concurrido. Un símbolo del urbanismo de la ciudad. Un extenso bulevar que abarcaba tres estaciones del subterráneo y concentraba una casi innumerable cantidad de librerías, restoranes, salas de cine, zapaterías, tiendas por departamento, oficinas empresariales, cadenas de comida rápida y muchos otros negocios especializados. El desarrollo urbanístico del lugar fue destacable, aunque no era apreciado por las autoridades gubernamentales ni por los mismos habitantes de la ciudad. Con el pasar de los años la zona se infestó de comerciantes informales, quienes inclusive levantaban improvisados refugios en el lugar. La delincuencia consiguió plenitud en el paseo comercial, ahora superpoblado por los comerciantes, los ejecutivos y los clientes siempre fieles al bulevar, además de los nuevos vendedores y clientes que disfrutaban de las ventajas del comercio informal, así como por la policía armada para el control público. Irregularidades que ocurrían con la negligencia de la alcaldía. El incremento del desorden en el lugar parecía ser inevitable. R se preguntaba si de alguna manera sería posible regresar el hermoso paseo comercial a su estado original.
R observó los cambios en el urbanismo que le rodeaba mientras residía en las torres más alta del este de la ciudad capital, desde donde dedicó parte de su vida al estudio de la ingeniería. Ahora estaba trabajando para la Compañía de Energía de su región, donde había tenido la oportunidad de aplicar algunos de los conocimientos y destrezas técnicas aprendidos durante sus estudios de pregrado. Habilidades que abarcaban técnicas analíticas de laboratorio, manejo de programas de cálculo y análisis de operaciones industriales. En la práctica (tenía cuatro años como empleado de la compañía) había aprendido técnicas para negociar con proveedores de equipos industriales, así como preparar presentaciones ante la gerencia. Su trabajo no era difícil, solo debía adaptarse a los protocolos existentes. Esa especie de conformismo en su desempeño laboral era clave de su éxito en la empresa. Así lo había entendido. Predecir sus próximos 20 años con esta unidireccional fórmula era sencillo, ya podía saber que llegaría a ser gerente de la Compañía. Un futuro garantizado, algunos le felicitaban por esto.
Por fortuna, los conocimientos aprendidos en su Alma Mater no se limitaron al área de la aplicación de las ciencias, sino que profundizaron en las ciencias puras mismas. Tuvo como profesores a profesionales, investigadores y científicos dignos de ser llamados Maestros. En la matemática conoció sobre el mundo infinitesimal y sobre el espacio N dimensional; en la física estudió los trabajos de Newton y algunas de las diversas transformaciones de la energía; pudo además leer sobre los orígenes de la química en la alquimia y comprender los distintos fenómenos que ocurren durante las transformaciones moleculares. Tuvo la oportunidad de tener como profesores de la ciencia de la energía a grandes conocedores del tema. Desde sus fundamentos hasta sus aplicaciones prácticas, pudo adquirir importantes conocimientos, tanto por propio interés como por adecuada instrucción, sobre las leyes termodinámicas que rigen el comportamiento de la naturaleza. Aprendió sobre la conservación de la masa y de la energía y sus respectivas transformaciones; entendió sobre el equilibrio de un estado natural y la factibilidad de un cambio en los mismos; y comparó las diferencias y relaciones entre las fuerzas impulsoras que ponen en movimiento todos y cada uno de los fenómenos del mundo físico. Entendió además como aplicar estos significados a la teoría del Big Bang y por lo tanto comprendió que vivimos en un universo expansivo. Y leyó la biografía y trabajos fundamentales de grandes investigadores en el área. Por lo tanto supo sobre las teorías de James Clerk Maxwell, sus experimentos, sus ecuaciones y sus leyes. Y fue entonces cuando conoció sobre su criatura: Un demonio capaz de violar los fenómenos naturales de nuestro universo.

Inspiración Divina
R provenía de una región de montañas y ríos al sur, y de dunas y playas al norte. En todo lo extenso de este territorio era conocido que los pactos con el diablo eran posibles. R ya había tenido que presenciar algunos exorcismos, incluyendo el de algún familiar. En la mayoría de estas posesiones, los hechiceros canalizaban espíritus en pena, con el propósito de imponer maleficios sobre alguna persona, para que estas no pudieran alcanzar la felicidad, dificultándosele situaciones en la familia, escuela, trabajo, relaciones interpersonales e inclusive en la salud. Esa era la intención de las posesiones demoníacas que había conocido, productos de la envidia o la venganza personal. Ciertamente, nunca antes había pasado por su pensamiento, deseo alguno de que un demonio habitase en cuerpo humano. Y mucho menos en el suyo propio.
Desde el día que leyó y comprendió el singular poder del demonio de Maxwell, pasaron 6 años, 6 meses y 6 días para que sucediera lo inevitable: R fue seducido por este demonio. El tiempo de Dios es perfecto. Seis años, seis meses y seis días serían tiempo suficiente para que madurase ideas en distintos campos de su vida. Tiempo suficiente para comprender determinaciones del destino y del libre albedrío, y para comenzar a entender a Dios, sus poderes y limitaciones.
La inspiración llegó silenciosa pero imponente. R se encontraba caminando en el parque deportivo, escuchando buena música - de esas que por su melodía y/o contenido lírico nos hacen añorar una existencia más elevada - cuando repentinamente le invadió el pensamiento de lo interesante que sería poseer el poder del demonio de Maxwell. Desde el momento mismo de la inspiración, comenzaron a fluir en su mente una innumerable cantidad de deseos, planes, miedos, estrategias, análisis, emociones, intrigas. Innumerables ideas, relacionadas con su anhelada posesión demoníaca, fluían a través de su campo mental a una velocidad impresionante. Y en ningún instante dudó en llevar a cabo todo lo que implicase el cumplimiento de su intención. En  ese momento sintió que desde siempre sabía que lo más grandioso en su vida estaba por venir. Había comenzado la cuenta regresiva para poseer por pacto a su amada deidad.
El mismo día de la inspiración, R tuvo un sueño: Estaba en algún lugar de la India donde se construía un colosal monumento en honor al Dios Ramayana. Un lugareño, amigo suyo, le guiaba en el lugar de la construcción. Era una obra humana digna para un Dios, a la cual todavía le faltarían muchos años para concretarse. Entendió R entonces la magnitud del tributo monumental. En el momento su amigo hindú le dijo que si lograba hacer una vida de provecho, los Dioses le regalarían tantos beneficios en esta misma vida, que parte de esa ganancia debía ser retribuida a los Dioses, incluyendo donaciones materiales para la consecución de la gran estatua a Ramayana. R despertó sobresaltado, le embargó una emoción poco habitual, inclusive lloró por el intenso significado de su sueño. Debía entonces concentrarse y no vacilar en hacer las cosas bien. El Dios con el cual había soñado también era conocido como Ram, que causalmente eran las iniciales de su nombre. Esta revelación le permitió confirmar su sospecha, de que su inspiración demoníaca era de origen divino.

El Demonio de Maxwell
James Clerk Maxwell fue un físico escocés conocido principalmente por haber desarrollado la teoría electromagnética clásica. En sus estudios de las leyes que rigen el comportamiento fenomenológico del universo, Maxwell entendió que la única forma de cambiar el curso de los procesos naturales espontáneos, sería a través de una criatura con una inteligencia extraordinaria capaz de disminuir la entropía (desorden molecular). Maxwell reconoció la existencia de este ser capaz de manipular la materia, por espacios de tiempo cortos, ordenando las moléculas que la conforman y logrando en consecuencia modificaciones en la energía que estas conllevan, de tal manera que ciertos fenómenos que para los humanos son comunes, comiencen a suceder a la inversa. Por ejemplo, que al colocar en contacto un cuerpo frío y uno caliente, con los minutos suceda que el cuerpo caliente aumente su temperatura y el frío se enfríe aún más, debido a un flujo de calor contrario a lo espontáneo. O por ejemplo, que al rociar un cuarto con un perfume, con el pasar de los segundos, el líquido rociado y su olor regresen de forma voluntaria al interior del frasco. O por ejemplo, que al derramar intencionalmente el agua contenida en un vaso,  instantáneamente, cuando el líquido toca el suelo, este por sí solo regrese volando hacia el interior del mismo. O por ejemplo, que con el pasar de los años, en vez de envejecer nos hiciéramos más jóvenes y saludables, como si el tiempo, así como lo conocemos, retrocediese.

La Ofrenda
R estaba decidido a poseer al demonio de Maxwell. Si los poderes extraordinarios de esta criatura eran utilizados con inteligencia, podían lograrse, de forma desapercibida, maravillas inconcebibles por el ser humano. Estaba ansioso de que el día del ritual llegase, pero sabía que debía ser cuidadoso. El ritual sería delicado, pues no quería ser poseído por el demonio. Quería que el demonio y él fuesen uno solo, de tal manera que pudiese controlar el poder de alterar los fenómenos en la naturaleza y que recíprocamente el demonio pudiese experimentar vida en el mundo humano.
R quería ser poderoso, quería ser un mago. ¿Mago de luz o de la oscuridad? La respuesta a esta pregunta no era de su interés. Era de su conocimiento que el Dios Absoluto no juzga, y entendía que los conceptos moralistas son atributos definidos en las sociedades humanas, en sus distintas épocas, para dirigir un comportamiento social que permitiese a ciertos hombres, grupos y sociedades con derechos adquiridos, que les confieren poder, lograr la consecución e imposición de sus propósitos. A R no le interesaba el bien o el mal, tan sólo quería experimentar y jugar con la vida, con la naturaleza, con la energía, y con los llamados ángeles y/o demonios.
Desde el día de su inspiración, R no debía esperar mucho para su ritual. Sus vacaciones laborales comenzaban ese fin de semana, lo que le facilitaría dedicarse a su experimento sin interrupciones cotidianas. Solo debía esperar el día adecuado, una noche sin luna, para lo cual no faltaba mucho, pues la luna estaba en su cuarto menguante. Una noche oscura, en un sitio solitario, permitiría a los astros del firmamento - nuestros hermanos de luz - ser testigos del momento en su totalidad. R tenía que reunir los cuatro elementos de la madre tierra en un sitio solitario en luna nueva. Esto era factible en su pueblo, cercano a playas solitarias donde viento, arena y agua se conjugan en perfecta combinación natural.
En los días previos al ritual, R planeó lo necesario. Además del ambiente natural, necesitaría una fogata para generar fuego, el elemento faltante. Y por ultimo debía llevar a su ofrenda, la cual no podía ser cualquiera. Un demonio con un poder tan extraordinario, merecía algo significativo, algo que representase su verdadero amor hacia el demonio mismo. No podía entonces entregar en sacrificio un gato callejero o un chivo montés. Y tampoco le serviría usar a un humano cualquiera, como un indigente o un delincuente. Ofrecer la vida de cualquiera de estos, no sería más que un insignificante asesinato.
Por lo contrario, R necesitaba sacrificar a un ser amado. Debía honrar a los astros, a los dioses y al gran demonio con el cuerpo, sangre y corazón de su ofrenda. Elegirlo no fue difícil. Eligió a uno de sus mejores amigos: Su compañero canino. Y lo eligió no porque lo quisiera más o menos que a cualquier otro ser querido, sino simplemente por el hecho de no ser humano. No porque pensara que la vida de los animales significa menos. Pues, los humanos en sus costumbres actuales, que son las de siempre, no son más que otro tipo de animal salvaje. Pero eligió a su perro porque podía explicar fácilmente su desaparición cuando alguien lo extrañase. Diría que por error dejó la puerta abierta y sin darse cuenta, el perro escapó de casa, y no volvió ese día… Se ahorraría entonces una cantidad de inconvenientes legales si no sacrificaba a un humano.

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