En
algún momento de nuestras vidas, todos hemos vivido una situación en la que
aparentemente la mayoría de las personas avanzan con relativa facilidad y
nosotros no. Simplemente ¡estamos estancados! Damos un paso adelante y otro atrás,
nada fluye, nada funciona, nos frustramos, nos sentimos menos y probablemente
en este punto ya nos hemos desmoralizado tanto, que nos preguntamos cosas tan
absurdas como: ¿será que soy brut@ o no sirvo para esto? ¿Será que los demás
son personas superdotadas? ¿Qué tienen ellos que yo no? También está la reacción
de culpar a nuestro entorno y caemos en los lugares comunes de “eso es que
Mercurio está retrógrado”, “Dios me está castigando”, “Murphy se ensaña
conmigo” o “el universo conspira en mi contra”. Y hasta cedemos ante el terrible
y adictivo papel de víctima y decimos ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho mal para
merecer esto? y pare Ud. de contar…