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La pregunta por la que el resto de preguntas valen la pena


En la vida hacer preguntas es algo bastante natural. Si empezamos a hacer memoria lo más atrás en el tiempo, veremos que desde la misma infancia todo lo que aprendemos es gracias a las preguntas que hacemos y las respuestas que recibimos. Copiamos esquemas y preguntamos. Cuestionar es una actividad no solo común sino necesaria. Pero hay una pregunta que es la madre de todas las preguntas, el eje central que puede mover o detener a la gran estructura que es la vida de cada individuo. Esa pregunta no es en realidad una pregunta puntual. Es la base de muchas preguntas, de las más importantes: ¿Por Qué? Saber el por qué de las cosas nos da un norte, nos da la sensación de razón, de causa, de sentido de todo. Puede que esto suene en principio algo abstracto, así que vayamos a casos puntuales: Aquellos de ustedes que trabajan ¿por qué trabajan? Aquellos de ustedes que estudian ¿por qué estudian? ¿Por qué se levantan de la cama todos los días? Son preguntas fundamentales, y que paradójicamente se dejan muchas veces de lado. La sociedad en la que vivimos nos hace muchas veces mover por mera inercia: hacemos lo que los demás hacen porque es necesario / útil / está de moda / nos obligaron. Pero en cualquier momento de la vida (no necesariamente a los 18 años) cada persona tiene su punto de inflexión personal y empieza a reevaluar sus criterios, a buscar su propia independencia y lo que es VITAL: tomar sus propias decisiones. Para poder tomar decisiones es necesario tener una base de criterio. Decidir es elegir, entre dos o más opciones, tomar algo y soltar algo, acercarse o alejarse, ir o venir. Cada decisión va formando eso que llamamos futuro, que no es más que lo que vendrá como cadena de consecuencias a partir de lo que hoy hacemos. Por tanto, entender las razones que fundamentan nuestros pasos o los pasos de nuestro entorno crea un espacio mental adecuado para abordar a la vida misma.

¿Cuándo parar y cuándo seguir durante tu entrenamiento?


Segunda semana en el gym. Buscando ser lo más disciplinado posible, quiero superar mi sobrepeso, esas explicaciones del doctor realmente asustaron. Pero de sólo pensar en lo que tengo que hacer… wow el cuerpo definitivamente está diciendo que hoy no ¿qué hacer? ¿Será normal o será que estoy haciendo algo mal en los ejercicios? A parte ¡me duele hasta el alma!

La red está saturada de opciones para hacer entrenamientos en casa. Los gimnasios por doquier ofrecen variedad de equipos, clases y programas buscando adaptarse a todos los gustos. La ciudad ofrece infinidad de grupos de entrenamiento ya sea que te guste andar en bicicleta, correr, hacer yoga o bailar. Pero una vez escogida la actividad de nuestra preferencia, de habernos documentado un poco al respecto, de adquirir cuanto artefacto y periquito nos ofrece la tecnología para hacer mejor nuestro entrenamiento… surge una gran incógnita, sobre todo si se es principiante en la disciplina: ¿Cuándo parar y cuándo seguir durante tu entrenamiento?
Si entrenas sólo, no tienes a quien recurrir con la duda. La teoría dice que siempre deberías esforzarte en hacerlo mejor, en menos tiempo, llegar más lejos. Si entrenas en grupo o con un entrenador, generalmente su papel debería ser el de impulsarte y no dejarte tirar la toalla a la primera. Aun cuando la persona a tu lado sea un experto conocedor de la materia, le es complicado saber cuándo decirte -STOP!!!, por una sencilla razón, quien siente las señales que progresivamente va a ir lanzando el organismo eres TU.

R su demonio y su amigo canino IV

Prueba Máxima
R necesitaba revivir a su amigo canino. Una manera sería retrocediendo en el tiempo hasta el momento en el cual había dado muerte a C. Pero viajar en el tiempo no parecía estar dentro de las potestades de su demonio. Se le ocurrió entonces que debía dirigirse a playa P donde se encontraban parte de los restos del canino, enterrados en la arena y dispersos en el agua. Pensó que a partir de ellos, e invocando con sus poderes las reacciones bioquímicas necesarias que permitiesen invertir la putrefacción y el desmembramiento sufrido, podría regenerar el cuerpo de su amigo y este ser habitado por su espíritu vagante. Sea como fuere debía hacer el intento de recuperar la vida de C. No soportaba la responsabilidad de su desaparición prematura.

Protagonistas de nuestras vidas: ¿Por qué no creer y apostar por nosotros?

En algún momento de nuestras vidas, todos hemos vivido una situación en la que aparentemente la mayoría de las personas avanzan con relativa facilidad y nosotros no. Simplemente ¡estamos estancados! Damos un paso adelante y otro atrás, nada fluye, nada funciona, nos frustramos, nos sentimos menos y probablemente en este punto ya nos hemos desmoralizado tanto, que nos preguntamos cosas tan absurdas como: ¿será que soy brut@ o no sirvo para esto? ¿Será que los demás son personas superdotadas? ¿Qué tienen ellos que yo no? También está la reacción de culpar a nuestro entorno y caemos en los lugares comunes de “eso es que Mercurio está retrógrado”, “Dios me está castigando”, “Murphy se ensaña conmigo” o “el universo conspira en mi contra”. Y hasta cedemos ante el terrible y adictivo papel de víctima y decimos ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho mal para merecer esto? y  pare Ud. de contar…

Recordando vivencias ajenas.

La vida es un juego de desear y desechar las diversas cosas, situaciones y personas, que en la vida se nos presentan. Hay algunas de estas cosas, situaciones y personas, las cuales deseamos; y que, a pesar de llenarnos de valor y superar uno de los más grandes obstáculos que nos separa de ellas, el temor al fracaso y decidirnos a avanzar e ir por ellas, de una u otra forma se nos son negadas.

Nos molestamos, lo lamentamos o sentimos cualquier otro u otros sentimientos propios de la situación. Pero muchos no se ocupan de ver más allá de la razón obvia por la cual no logramos lo que deseábamos. Hace poco, un amigo me enseñó que si lográsemos alcanzar alguno de esos deseos negados es muy probable que descubramos que no todo es como le imaginamos, que a veces es mejor guardar su recuerdo como una bella ilusión. Que si lo lográsemos, no brillaríamos como hoy lo hacemos. La vida nos lleva a ese lugar que nos permite crecer, aprender, disfrutar y brillar más que en cualquier otro. Donde más se nos necesita, y no donde seremos sólo una sombra; donde más nos puedan ayudar y no donde está lo que ya hemos aprendido. La vida nos abre las puertas de los lugares donde realmente encajaremos y no donde después de un tiempo y pasada la ilusión de lo logrado, nos sintamos incómodos y lo abandonemos decepcionados. En estos deseos negados probablemente hubiésemos sido buenos, pero en los deseos concedidos, puedo afirmar, que somos mejores. Esta es sólo una de las muchas razones por las cuales hay sueños negados.

A ratos lo sospechaba, pero no es lo mismo suponer que ver cuando alguien más lo vive. ¿Quién dijo que no se puede aprender de la experiencia ajena?

Modificado del escrtio del 02 febrero 2007, bajo el mismo nombre.

Mi amiga Samantha.





Hoy en la tarde tuve la oportunidad de compartir con varios amigos que la vida me ha dado, pero una de ellos, muy especial. Quizás ella por su corta edad no alcanza a comprender a nivel consiente lo especial que es para mí, pero lo siente, lo sé. Y sin saberlo, hoy particularmente me ayudó a tener un pequeño respiro en medio de esta parte del teatro de mi vida que a veces amo y que a veces odio, y que suelen llamar adultez. Hoy mientras la veía, corría alegremente, libre. Capaz de convertir repentinamente un espacio, que para los miles que transitamos por ahí es sólo un murito más de la Universidad, en la pista a través de la cual corre Batman a salvar al desvalido. Así, sin saberlo, ella corría a salvarme del ahogo que a veces me produce esta etapa de mi vida.


La veía y la comparaba con nosotros, los adultos. Y creo, que desde cierto punto de vista, a medida que crecemos nos volvemos tontos. Y no me refiero a conocimientos técnicos o académicos. Sino al sentido común, a que nuestro principal norte debería ser felices y punto. Y sé que muchos saltarán a pensar de inmediato que la causa de nuestras tristezas, rabias y cualquier otro tipo de sinsabores con la vida se debe a lo que llamamos 'la necesidad', necesidad de llevar sustento a nuestros hogares, de solventar roces con amigos, compañeros de trabajo, jefes, curar problemas de salud y una larga lista que, sí, existen! lo sé! los conozco y los vivo en carne propia día, tras día, tras día... Pero ella también tiene necesidades. Y entonces me dirán que las necesidades de los niños no son necesidades reales. Pero sí lo son, así como también lo es que cuentan con menos conocimientos y recursos de los que poseemos los adultos. Así que la relación se mantendría hasta ahora proporcional. Por ejemplo, en el momento en que estábamos juntas, ella tenía la necesidad de jugar. Es una necesidad científicamente demostrada de cualquier cría de cualquier especie, incluida la humana. A la mano no había ningún juguete con lo que pudiera satisfacer dicha necesidad. Sin embargo nada le impidió jugar. Un muro y sus ganas fueron suficientes para que en instantes fuese Batman, una viejita, un conejo, un sapo, Superman, un avión... y fue feliz. Y quería que jugara y corriera a la par con ella, pero no la complací. Porque mi cuerpo a veces se comporta como si tuviera más edad de la real. Porque el peso que tiene mi alma desde hace poco más de un mes, me lo impedía aún más. Y porque mi única necesidad en ese momento era verla correr y reír libre, porque a través de ella mi alma también lo hacía. Y a pesar de que ella no obtuvo de mi lo que esperaba en ese momento, jugó y fue feliz.

Me pregunté entonces dónde quedó mi capacidad de ser feliz a pesar de lo que hubiese o no hubiese en mi camino. Hace pocas horas una amiga me preguntó un 'cómo estás?' y me pareció una pregunta tan difícil como cualquiera de las que pudieran hacerme en un parcial de termo 3 o de fenómenos 3. Y que me perdone por utilizar una respuesta estándar, pero es que su amistad es muy reciente como para atiborrarla con mis explosiones, o al menos eso me pareció. Mi respuesta real, la que pasó por mi mente un instante antes de decidir no colocarla, fue que me han pasado cosas tan maravillosas en estos días y otras tan fuertes y dolorosas que en verdad no sé cómo estoy. Que veo a mi alrededor y los personajes más importantes en mi escenario, están igual o peor que yo en este aspecto. Que siento que a pesar de todo mi sentimiento hacia esas personas y mis inmensas ganas y necesidad de poder ayudarlos, no puedo. Que otros tantos no están tan agobiados y sin embargo no valoran eso y viven irresponsable, insensible y tontamente, buscando agobios ficticios, y me consume la rabia y la impotencia... en lugar de ser feliz, de ser felices.

Y sí, también estoy consciente de que uno no puede ser feliz todo el tiempo. Pero sí podemos buscar ser felices una buena parte del día. Por eso decidí pasar por encima de lo que debo y tengo que hacer y venirme a pasear por este lado del mundo en dónde soy feliz, las letras. Y tomaré esos momentos pequeñitos de felicidad real, los juntaré todos y fabricaré mi murito particular, para cuando la procesión que va por dentro tome fuerza. Y correré tan fuerte por él, hasta que consiga mi capacidad de ser niña otra vez. Como ya lo hice una vez.







Nunca somos lo suficientemente grandes para aprender, ni lo suficientemente pequeños para enseñar.

¿Qué haré?



En el abismo de la vida
he vuelto a sentir mi caída.
Busqué donde apoyar mis pies,
pero mis bases pasadas
estaban también maltratadas.
Tienen heridas y cicatrices propias
y en cualquier momento se van a desvanecer,
fantasmas y demonios son copias
de un viejo atardecer.
Ahora me siento viendo el horizonte
desde lo alto de una montaña verde,
la brisa me toca suavemente
con ese fresco de Diciembre.
Me doy cuenta que crece mi familia,
ya no me siento tan perdida.


Noviembre 2005.