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¿Qué tal si nos dejamos querer?


¿Quién no ha tenido fuertes discusiones con sus padres? No es un secreto para nadie que en la medida que ellos se adentran en la famosa tercera edad se vuelven más tercos, peleones, malhumorados y hasta posesivos. Pero en algún momento se han parado a pensar qué origina (de fondo) esas peleas padres vs. hijos. Ofreciendo una perspectiva que asumí hace poco y que en verdad les puedo decir que me ha servido, les diré que las diferencias que tenemos con nuestros padres, cualquiera de ellas, son súplicas disfrazadas de peleas. Sí, así como lo leen. Súplicas de lo más profundo de nuestras almas, que todavía creen que estamos en los roles de hijos necesitados y padres proveedores.

Un Día Fracturado

    

A

Aquel día te levantas de la cama. Un sopor obstinante nubla tus sentidos pero inexorablemente caminas fuera, buscando alguna señal de existencia diciendo qué debes hacer. En lugar de ello, consigues una ventana a la nada, esta vez te muestra una réplica de ti mismo, llevándote a una falsa percepción del presente. ¿Qué logras? No, no te alejas de la realidad. Peor aún, ella huye de ti. Irónicamente quieres perseguirla, alcanzarla. Finges felicidad, que todo está bien... tu honesta estupidez impide tu salida de ese gran océano negro en el que estás inmerso, pero tranquilo, él no recordará nada después. Intentas ahora con tu lado B. Pero seamos francos, la melancolía no te va. ¡Despierta! Sal de esa repetición onírica, nada más patético que un día infinito. Puedes tomar tu medicina, líquida de color otoño; pero eso no disimulará tu estado febril, das lástima. ¿Qué pasa? Acelerar tu marcha no detendrá el tiempo, que ahora se ha puesto en tu contra. Un enemigo invisible te acecha y no puedes contenerlo... No hay diferencia entre noche y día para ti. Ríes perturbadoramente y eso despista a los demás, que miran recelosamente, queriendo hurgar aquí... pero tu retraimiento es extrañamente efectivo. ¡Levántate! De seguir así perderás a los que más quieres. No cuestiono tu amor por ellos, cuestiono tu potencial. Derrota tus demonios, ellos se reducirán a nada. Todo está aquí. Tu paranoia e irrealidad es aparente. ¿Eso crees? ¡Despierta! No te asustes, provocarás una histeria colectiva. Así. Eso es, estás entendiendo ahora. Sólo relájate y espera que una linda dama traiga tu cena. Disfrútala, que serán muchas en tu nuevo paraíso de color blanco.

Protagonistas de nuestras vidas: ¿Por qué no creer y apostar por nosotros?

En algún momento de nuestras vidas, todos hemos vivido una situación en la que aparentemente la mayoría de las personas avanzan con relativa facilidad y nosotros no. Simplemente ¡estamos estancados! Damos un paso adelante y otro atrás, nada fluye, nada funciona, nos frustramos, nos sentimos menos y probablemente en este punto ya nos hemos desmoralizado tanto, que nos preguntamos cosas tan absurdas como: ¿será que soy brut@ o no sirvo para esto? ¿Será que los demás son personas superdotadas? ¿Qué tienen ellos que yo no? También está la reacción de culpar a nuestro entorno y caemos en los lugares comunes de “eso es que Mercurio está retrógrado”, “Dios me está castigando”, “Murphy se ensaña conmigo” o “el universo conspira en mi contra”. Y hasta cedemos ante el terrible y adictivo papel de víctima y decimos ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho mal para merecer esto? y  pare Ud. de contar…