La vida es un juego de desear y desechar las
diversas cosas, situaciones y personas, que en la vida se nos presentan. Hay
algunas de estas cosas, situaciones y personas, las cuales deseamos; y que, a
pesar de llenarnos de valor y superar uno de los más grandes obstáculos que nos
separa de ellas, el temor al fracaso y decidirnos a avanzar e ir por
ellas, de una u otra forma se nos son negadas.
Nos molestamos, lo lamentamos o sentimos cualquier
otro u otros sentimientos propios de la situación. Pero muchos no se ocupan de
ver más allá de la razón obvia por la cual no logramos lo que deseábamos. Hace
poco, un amigo me enseñó que si lográsemos alcanzar alguno de esos deseos
negados es muy probable que descubramos que no todo es como le imaginamos, que
a veces es mejor guardar su recuerdo como una bella ilusión. Que si lo
lográsemos, no brillaríamos como hoy lo hacemos. La vida nos lleva a ese lugar
que nos permite crecer, aprender, disfrutar y brillar más que en cualquier
otro. Donde más se nos necesita, y no donde seremos sólo una sombra; donde más
nos puedan ayudar y no donde está lo que ya hemos aprendido. La vida nos abre
las puertas de los lugares donde realmente encajaremos y no donde después de un
tiempo y pasada la ilusión de lo logrado, nos sintamos incómodos y lo
abandonemos decepcionados. En estos deseos negados probablemente hubiésemos
sido buenos, pero en los deseos concedidos, puedo afirmar, que somos mejores.
Esta es sólo una de las muchas razones por las cuales hay sueños negados.
A ratos lo sospechaba, pero no es lo mismo suponer
que ver cuando alguien más lo vive. ¿Quién dijo que no se puede aprender de la
experiencia ajena?
Modificado del escrtio del 02 febrero 2007, bajo
el mismo nombre.