Enfermedades
R se dirigió temprano en la mañana a acompañar a su tía T al
hospital donde se le practicaba la hemodiálisis. Se turnaban entre varios
familiares para hacerle compañía a las sesiones, y esta vez era su turno.
Aunque su condición de salud era delicada, su estado de ánimo ante las
adversidades era envidiable. Quizás por su carácter de fiel practicante
religiosa.
Una vez en el cuarto donde se realizaba el tratamiento médico, su
tía comenzó su acostumbrada oración previa al procedimiento, mientras R pedía
al demonio que permaneciera cerca. Intercambiaron algunas palabras por un rato,
asuntos familiares. Luego su tía quiso descansar, cerró sus ojos y se recostó.
R realizó su invocación en silencio, esta vez pidiendo que las sustancias tóxicas y el agua en exceso del
organismo de su tía permeasen a través de sus nefronas, a pesar de que estas
habían reducido su funcionamiento normal. Una manera de lograr el prodigio
sería mediante la re-estructuración de sus células en el riñón. R estaba seguro
que era posible reconstituir los riñones de su tía con sus poderes demoniacos,
pero sus conocimientos en medicina no eran los suficientes como para saber que
procedimientos biocelulares eran necesarios. Así que prefirió por los momentos,
para purificar la sangre de su tía, solicitar a su demonio que alentase
un flujo excesivo, fuera de lo normal, de las toxinas desde la sangre hacia la
orina a través de la disminuida, pero aún activa membrana celular en el riñón.
Luego de casi cuatro horas de tratamiento regresaron a casa. Una muestra
de sangre fue tomada para analizar los niveles de urea. En la tarde R se
dirigió al hospital a buscar los resultados, el cual fue el esperado por él.
Fue tan bajo el nivel ureico en la sangre, que el médico tratante decidió que
no eran necesaria las siguientes tres sesiones de hemodiálisis. R agradeció y
pidió a su demonio que cuidara constantemente de la salud renal de su tía.
Gracias al bendito demonio, capaz de desafiar a Dios en sus
predeterminaciones, R estaba comenzando a adquirir el poder de la sanación. Por
los momentos no estaba sanando el estado del riñón de su tía, pero sabía que sí
podía hacerlo. Era cuestión de leer y estudiar libros de medicina y buscar
información con especialistas en el área de la regeneración celular. Por ahora
había eliminado los problemas secundarios que podían derivarse del
padecimiento, así como toda molestia implicada.
Después de comprobar que había podido mejorar el estado de salud
de su tía y con la excusa de ser un orador religioso, R procedió a visitar los
hospitales de niños enfermos. Comenzó con los niños con deficiencias renales al
primer día. Al segundo día visitó a los niños con cáncer, para quienes solicitó
a su demonio personal que interrumpiese el flujo sanguíneo que alimentaba a los
tumores, para que estos fuesen cediendo, y en el caso de ser leucemia su
padecimiento, entonces pidió por un adecuado crecimiento de las células
sanguíneas. Al tercer día visitó a los niños con síndrome de inmunodeficiencia,
y pidió por la generación de anticuerpos y el normal funcionamiento de su
sistema inmune para que sus estados de salud no empeorasen. En fin, pidió por un
saludable funcionamiento de los organismos de estas personas, cuyos
padecimientos les alteraban la normalidad de sus actividades fisiológicas. En
tres días había logrado mejorar el estado de salud de quizás media docena de
decenas de niños. Sabía que en muchos casos no había logrado una mejora
definitiva en ellos, pero sabía que con más dedicación podía llegar a restaurar
sus condiciones fisiológicas.
Estas sanaciones representaban apenas el comienzo de un enorme
trabajo, al cual R podía dedicarse para lograr resultados milagrosos.
Necesitaría mucho tiempo o algunos compañeros que le ayudasen. Pero desconfiaba
en los humanos. Sabía que el poder del demonio de Maxwell en otras personas
podría desembocar una enorme catástrofe, causada por intereses egoísta. Ya
volvería a pensar el caso, indagaría sobre la necesidad de compartir su poder
con personas de confianza que quisieran dedicarse a sanar enfermedades. Podría
inclusive formar una secta. Por ahora tenía que dar un paso más en su
auto-estudio sobre la aplicación del poder de la violación de los principios
físicos que rigen nuestra existencia. Ya habían pasado varios años desde que se
preguntaba si de alguna manera sería posible detener el caos del paseo
comercial que frecuentaba en la ciudad capital. Esta sería su próxima prueba.
El Bulevar
R había tomado el autobús nocturno desde su pueblo hasta la ciudad
capital. Durante el viaje quiso divertirse un rato promoviendo una alta
eficiencia del motor de combustión interna con el cual operaba el vehículo. Así
que solicitó a su posesión que transformase todo el calor de la combustión y de
la fricción en el motor, en energía para el movimiento del autobús. Así
ocurrió, lo cual sorprendió a los conductores puesto que la temperatura del
sistema de enfriamiento nunca subió, llevándoles a pensar que había alguna
avería en algún sensor. Pero además se percataron que el consumo de combustible
fue mínimo, y luego de verificar que ciertamente el tanque de combustible
estaba casi lleno, no encontraron ninguna explicación al hecho. Esto llevó a R
a pensar que debía planificar estrategias para invocar la optimización
energética de distintos procesos industriales y domésticos, y así lograr una
consecuente mejora en la situación del medio ambiente. Retribuiría un favor a
Madre Tierra. En cuanto tuviese la oportunidad, al culminar sus vacaciones,
comenzaría con este plan desde la
Compañía de Energía para la cual trabajaba.
Al arribar a la ciudad capital R se hospedó en uno de los hoteles
que se encontraban en el bulevar. Desde la misma mañana de su arribo, y durante
todo ese día, se dedicó a caminar el paseo comercial, para detallar el estado
en el cual se encontraba. En la noche se dedicó a planificar que lugares
críticos atacar con su demonio, en los siguientes tres días, para regresar
orden y humanidad a la zona.
Cada prueba representaba un reto para R y su demonio. Lo
particular del presente caso era que involucraba a una colectividad de gente y
sus formas de pensar. Pues, estos en su ignorancia eran los responsables de la
catástrofe que reinaba en el lugar. Había entonces que sanar la debilidad de
estas mentes incapaces del autocontrol y de la búsqueda de los fines comunes de
la convivencia.
Al siguiente día, muy temprano, aún a oscuras, R caminó el bulevar
invocando al demonio y su poder antinatural de crear orden. Al final de esta
petición, se sentía poseído por una fuerza sobrehumana que lo hacía sentir al
nivel de cumplir con misiones heroicas. De un poder tan grande se sabía
poseedor, que se preguntaba el por qué no enfocarse en la búsqueda de una
potestad sobre la raza humana que le hiciese invencible, temible, admirable,
inefable. Un Dios mismo. Pero estos no habían sido los términos de su pacto, y
prefería no sacrificar su existencia en la creación de un monstruo. R reconocía
que la posesión de pequeños o grandes poderes alimenta la soberbia humana,
desvirtuando la belleza y pureza de su naturaleza. Prefirió entonces tomar lo
bueno de su situación, y se concentró en la limpieza que estaba a pocos
momentos de comenzar en el gran bulevar.
La habitación y el hotel donde se hospedaba habían sido
estratégicamente seleccionados. Situado en un piso alto, desde la terraza, le
era posible observar gran extensión de la zona. Desde allí, luego de haber
invocado a su demonio, dirigió su orquesta de fenómenos. El primer día se
enfocó en la actitud de los grandes comerciantes. Con quienes logró que las
tiendas funcionasen eficientemente, con una adecuada atención al cliente y la
consiguiente satisfacción de éstos por las ofertas recibidas. Se optimizaron de
las ganancias por ventas, logrando un bienestar en clientes y comerciantes a
pesar del resto del desorden que rodeaba el lugar. Al segundo día, bajo una
invocación similar, y ya con los mejoras obtenidas el día anterior, prosiguió a
concentrase sobre los vendedores informales. Al final de la jornada estos
habían asumido su responsabilidad en el orden, higiene y limpieza del lugar.
Los que pernoctaban prefirieron ir a sus hogares, para evitar seguir dañando la
imagen del lugar. Al tercer día su invocación fue dirigida sobre los clientes y
transeúntes, para que estos se mantuviesen amables y respetuosos con los
comerciantes, con las autoridades policiales, con las normas de tránsito y con
los distintos servicios públicos. Así, inclusive preferían no comprar a la
informalidad para evitar pérdidas a la economía, con lo que los vendedores
ilegales notaban que debían buscar una alternativa a su negocio. Para el cuarto
día la combinación de las mejoras obtenidas en los días anteriores ya podía sentirse.
Ya en el ambiente se hablaban de los planes de reestructuración del bulevar con
soluciones de beneficios para cada una de las partes.
El fenómeno del orden en el bulevar estaba ocurriendo gracias a la
influencia del poder demoniaco en la psique humana: Las personas comenzaban a
pensar correctamente, generando orden. Un orden con el que se hallan soluciones
para la convivencia civil y comercial, y mejoras en los servicios por
optimización del uso de los recursos energéticos como la electricidad y combustibles,
y de los recursos naturales como el agua y los suelos, así como también se
consigue de una disposición adecuada de los distintos tipos de desechos. En
fin, como resultado de las acciones humanas, se causa una desaceleración en el
crecimiento de entropía e inclusive una reducción de la misma. Era como si las
funciones del campo mental humano de alguna forma estuviesen vinculadas a las
leyes termodinámicas, siendo la reflexión y la meditación el estado más óptimo
para la conservación y progreso del orden del mundo físico con el que
interactúan. Las difusiones de masa y energía en las funciones moleculares y
celulares del cerebro humano se habían optimizado a tal nivel, que no había
cabida para pensamientos ineficientes que malgastaran energía con las acciones
de sus cuerpos.
R reflexionó al respecto de su trabajo en el bulevar. Sus ideas le
decían que promoviendo la optimización del uso mental en un gran número de
personas, muchos inconvenientes de la sociedad actual desaparecerían o se
apaciguarían. Con una sociedad sumergida en una planificación producto de un
pensar correcto, disminuiría la desigualdad económica al micro y al macro
nivel, y por lo tanto varios problemas tales como la pobreza, la delincuencia,
el subdesarrollo, la escasez de alimentos, la contaminación ambiental y la
propagación de enfermedades. Estaba descifrando la fórmula que solucionaría la
carencia social de Dios. En su reflexión también concluyó que para facilitar
este proceso de conversión del psique social, era necesario hacer varias
modificaciones históricas, donde la ausencia de Dios había sido determinante.
De esta manera el actual caos de la sociedad sería menos complicado revertir.
Hasta el momento R había logrado varios avances notables. Ya era
hora entonces de realizar hazañas grandes: Viajar en el tiempo y hacer cambios
claves en la historia, para mejorar el presente humano y su evolución. Para
ello debía violar el principio creativo del Universo expansivo, deteniendo
gradualmente la difusión de la masa-energía, hasta lograr que estas se
desplazasen, en la dimensión del tiempo, en forma contraria a la que
acostumbraban desde hace miles de millones de años.
Efecto Mariposa. Intentos
R debía evaluar muy cuidadosamente las posibles consecuencias que
se produjesen por las modificaciones que haría en el pasado. Confiaba en su
inteligencia, se pensaba capaz de saber en qué aspectos fundamentales de la
historia humana tenía que influir.
Para lograr su ambicioso cometido, intentaría primero varios
ensayos. Presumió que el desplazarse en el tiempo no sería un viaje consciente,
sino que debía concentrase, durante su invocación, en las premeditadas
modificaciones que quería que sucedieran en el pasado, y posteriormente en
tiempo presente, verificar los cambios esperados. Empezaría con aspectos
familiares. Suponía que por la naturaleza egoísta del ser humano, se le haría
más fácil concentrar su poder en peticiones que tuviesen mayor valor emocional
para él. Por lo tanto comenzaría retrocediendo en el tiempo y, aprovechando su
poder de sanación, ayudaría a familiares que padecieron graves enfermedades o
accidentes, y le desviaría de la muerte. Retrocedería en el tiempo y sanaría a
su tío materno muerto por el cáncer, sanaría a una prima hermana quien falleció
por padecer de SIDA al ser infectada por su alma gemela y también retrocedería
para evitar el momento en el cual una tía paterna, quien luego de vencer
milagrosamente la leucemia a los pocos meses de vida, fuese atropellada por un
animal borracho.
Para cada una de sus hazañas viajaría a lugares emblemáticos de la
naturaleza en su tierra. Se dirigió a la montaña más alta de la cordillera
continental, con sus picos cubiertos de nieve y allí invocó al demonio para
sanar a su tío materno, pero no obtuvo resultado alguno. Entonces viajó al
desierto más grande de su tierra, donde al mediodía con el sol en vertical,
intentó su invocación para sanar a su prima, pero no ocurrió nada en absoluto.
Luego viajó a las inmensas llanuras centrales donde el verde de la tierra y el
celeste del cielo se unen en el horizonte, y allí pensó en salvar a su tía
paterna, pero no sucedió.
Luego de las peticiones fallidas, R decide hacer sus intentos
pensando únicamente en el bienestar global del hombre. Para intentar una nueva
prueba se dirigió a la zona con las rocas más antiguas de su tierra, y más
antiguas del planeta. Utilizó un caso de fácil comprobación: Provocaría la
muerte natural prematura a un dirigente dictador, manipulador de débiles e
ignorantes mentes de la mayoría de un pueblo, en una nación cualquiera. Pero
luego de su invocación revisó por internet y tristemente verificó que el
déspota aún presidía. Pensó que darle muerte era algo extremo, y que quizás lo
que debía hacer con el tirano era poner en orden las ideas en su mente, de tal
manera que su gobierno no fuese tan catastrófico. Pero este cometido era
prácticamente imposible, pues, un alma tan agraviada en su evolución, requería
de un proceso de reversión muy extremo, lo que convertía el intento en un
desperdicio.
R quiso retroceder el tiempo para revivir a sus familiares y para
mejorar el estado presente de la sociedad y de la humanidad. Pero no obtuvo
resultado alguno. Pensó entonces que podría solventar el inconveniente
ofreciendo un sacrificio mayor. Se le ocurrió su hermana menor, una virgen de
14 años, quizás los Dioses aceptarían esta ofrenda para permitirle realizar su
prueba. También pensó que la mejor ofrenda sería él mismo. Pero su cuerpo era
lo que lo unía al demonio, si se auto-sacrificaba no podría experimentar sus
poderes demoniacos como humano. Pero presentía que el inconveniente no era la
oblación ofrecida, pues hasta el momento se había demostrado que su amigo
canino había sido un ofrecimiento perfecto. R se daba cuenta que había una
fuerza mayor que su demonio no podía igualar.
Segunda Pesadilla
La noche que regresó a casa luego de sus intentos fallidos, R se
sentía desilusionado por no haber logrado su intención, y nervioso por haber
llegado al límite de su poder. Sentía que estaba retando a Dios con su demonio.
Su mente y corazón se unían en un remolino de ideas y sentimientos, por lo que
le era difícil conciliar el sueño. Esa noche de insomnio logró dormirse cerca
de las 3:00 a.m., cuando había agotado su cuerpo y mente en la vigilia. Un par
de horas después, momentos antes que la tenue claridad crepuscular llegase a su
dormitorio, volvió a soñar con su perro. Esta vez en un ambiente azul índigo.
R se encontraba en los pasillos internos de una pirámide de la
necrópolis de Guiza. Sabía que C se encontraba en alguna recámara de la
pirámide, y también sabía que un basilisco, símbolo del ciclo eterno de la vida
y la muerte, estaba tras su amigo para que finalmente abandonase su actual
dimensión. R llegó a ver a la enorme serpiente de tonos verdes desplazándose
por los pasadizos de la pirámide. Por suerte, pudo encontrar la recámara donde
se encontraba su amigo antes que el basilisco. Al entrar allí, vio a C, quien
esta vez lucía un cuerpo de apariencia saludable. Pero se encontraba triste,
inmóvil, simplemente esperando, resignado a abandonar su presente existencia.
R despertó nuevamente alterado. El reino onírico le acababa de
mostrar que dentro de poco tendría la oportunidad de llevar a cabo una prueba
máxima.
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