Prueba Máxima
R necesitaba revivir a su amigo canino. Una manera sería retrocediendo en
el tiempo hasta el momento en el cual había dado muerte a C. Pero viajar en el
tiempo no parecía estar dentro de las potestades de su demonio. Se le ocurrió
entonces que debía dirigirse a playa P donde se encontraban parte de los restos
del canino, enterrados en la arena y dispersos en el agua. Pensó que a partir
de ellos, e invocando con sus poderes las reacciones bioquímicas necesarias que
permitiesen invertir la putrefacción y el desmembramiento sufrido, podría
regenerar el cuerpo de su amigo y este ser habitado por su espíritu vagante.
Sea como fuere debía hacer el intento de recuperar la vida de C. No soportaba
la responsabilidad de su desaparición prematura.
Aún faltaban minutos para que amaneciera. R debía prepararse para la
petición que haría a media noche en el lugar donde realizó su pacto. Realmente
no tenía nada que preparar esta vez, solo debía esperar que el momento llegara,
y allí oraría en comunicación con las fuerzas cosmológicas.
El día se hizo muy largo, y en ningún momento, a pesar de sus intentos pudo
dormir ni descansar. Su mente estaba en desesperación por la incertidumbre de
lo que sucedería esta noche. Una energía de ansiedad no dejó de fluctuar en su
corazón. Poco podía comer, poco podía distraerse, solo existía el deseo de que
llegara el momento para clamar por su prueba máxima. Estaba inmerso en
pensamientos cíclicos, atrapado en el ojo de un remolino mental estático. Luego
fue presa de un nerviosismo. Lágrimas de impaciencia aparecían con frecuencia
en su rostro, la temperatura de su cuerpo subía y en ocasiones hasta se le
dificultaba el ritmo respiratorio. Así pasaron 16 horas, hasta que a las 10:00 p.m.
emprendió camino a playa P. Había pasado un mes desde el ritual de su posesión.
Esta noche la luna en el cielo no tendría luz.
En la playa, ya a la media noche, en los pensamientos de R la única idea
siempre consistente era la posibilidad de regresar a su amigo a la vida. Así
que pidió al infinito que le concediera tal petición. Pero R no sabía cómo
sucedería el prodigio. Era primera vez que haría una prueba sin conocer los
detalles del fenómeno a suceder, esta vez solo suplicaba por su deseo. No sabía
como ocurriría ni le interesaba, solo anhelaba con intensidad la resurrección. Se
sentía muy agotado, con fiebre, y de repente comenzó a sentirse mareado. Todo a
su alrededor comenzó a girar, cayó de rodillas en la arena, sintió nauseas y
vomitó. Seguido su cuerpo sintió espasmos y escalofríos. Cayó al suelo y
comenzó a alucinar. En su delirio no podía distinguir si era presa de una furia
maligna o si estaba siendo acariciado por una energía angelical. En su delirio
sintió que el viento soplaba con furia, que la arena flotaba a su alrededor,
que el mar subía su marea hasta bañarle el cuerpo y que los astros desde el
firmamento le irradiaban luz y calor. Luego de desvariar por varios minutos interminables,
no soportó más su situación y perdió la consciencia por varias horas. Al
despertar, su amigo canino estaba a su lado.
De Ahora en Adelante
R
despertó. Instantáneamente
abrazó a su amigo, quien con actitud un poco rencorosa le devolvió secos lamidos.
El abrazo le permitió verificar que la escena pertenecía a la realidad. Tan
real como el agotamiento extremo que sentía. La presencia de su amigo a su lado
le dio fuerzas para emprender su regreso a casa. Estaba amaneciendo. Con la
poca energía que quedaba en su cuerpo se dirigió al poblado más cercano donde
tuvo que desayunar para recuperarse. En el primer restaurante que encontró
ordenó hervido de pescado, cuatro empanadas, dos vasos de papelón con limón, un
batido de semerucos y medio kilo de dulce de leche de cabra. A medida que comía
compartía el desayuno con el can, quien aparentemente mantenía su fidelidad.
R había revivido a su amigo, aunque en un principio esta no había sido su
intención. Desde su decisión de sacrificarlo, se había despedido de él. Pero no
tuvo opción, su poder había llegado a su límite, y se convirtió en instrumento
de una decisión superior para regresar la vida a su perro. Luego de desayunar
emprendió camino a casa, donde tuvo un día normal, aunque con frecuencia su
mirada se dirigía al infinito. Vivía dentro de su mente en los recuerdos de su
reciente experiencia. Y así transcurrió el día. Al llegar la noche se sentía un
poco mejor, menos abstraído. Comenzaba a sentir una felicidad repentina. Había
experimentado en carne propia y con total consciencia, el poder de un gran demonio.
Y sus Dioses se lo habían permitido. Para no perder la cordura debía encontrar a
alguien con quien comentar todo lo sucedido. Aunque sabía que nadie le creería,
quizás fuese mejor ahorrarse las explicaciones. Además, el anonimato de sus
facultades le permitiría prosperar en futuras estrategias.
Había revivido a su amigo, pero R ignoraba si el fenómeno había ocurrido en
tiempo presente o si se había desplazado en el tiempo, a la luna nueva
anterior, justo al momento del ritual. De ser esto último, supuso que sus
experimentos con el poder del demonio aún no habían ocurrido, y quizás también
había perdido los poderes de su posesión. Estos supuestos serían fáciles de
comprobar. Podía visitar el bulevar, preguntar por el estado de salud de su tía
T o intentar algún experimento sencillo como hacer levitar un objeto. Luego lo
comprobaría. En este momento la fascinación de su experiencia le inundaba sus pensamientos
y una sensación le irradiaba desde sus internos. Sentía que había asumido una
determinante responsabilidad con su Yo Superior, con su Venus, con sus
antepasados y con las futuras generaciones.
Juró ante el Absoluto, y a su ejército de ángeles y demonios, que desde ese
momento no perdería tiempo en mundanidades. Renunciaría a su trabajo. De ahora
en adelante se dedicaría a las artes: Escribiría en prosa y en verso,
escribiría canciones en distintos géneros y escribiría guiones y dirigiría
obras para el cine y el teatro, haría esculturas y pinturas, diseñaría
monumentos, edificios y ciudades enteras, inventaría recetas gastronómicas y
bebidas espirituosas, elaboraría perfumes y crearía estilos de moda. En fin,
probaría con todo tipo de manifestación artística que le permitiese expresar,
divulgar e inmortalizar en el tiempo y en el espacio, su vivencia con el
demonio y su formidable poder, y la armoniosa conjugación de las fuerzas del
bien y del mal.
Presentía que desde ese momento le vendría una nueva vida. De mantener sus
poderes, emprendería una estrategia para trabajar en la sanación de
enfermedades, la re-estructuración político-económica de la sociedad y el
resguardo del medio ambiente. Necesitaría colaboradores con experticias en las
distintas artes y en las distintas ciencias. Para identificar a los miembros de
su futura secta, debía comenzar con su primera obra artística. Escribiría una
especie de cuento, en realidad una crónica o quizás una leyenda. Con su plan en
mente se acostó a dormir sonriente, desde mañana temprano comenzaría a escribir
una obra cuyo título se le hacía evidente: R,
su demonio y su amigo canino.
by
