R su demonio y su amigo canino IV

Prueba Máxima
R necesitaba revivir a su amigo canino. Una manera sería retrocediendo en el tiempo hasta el momento en el cual había dado muerte a C. Pero viajar en el tiempo no parecía estar dentro de las potestades de su demonio. Se le ocurrió entonces que debía dirigirse a playa P donde se encontraban parte de los restos del canino, enterrados en la arena y dispersos en el agua. Pensó que a partir de ellos, e invocando con sus poderes las reacciones bioquímicas necesarias que permitiesen invertir la putrefacción y el desmembramiento sufrido, podría regenerar el cuerpo de su amigo y este ser habitado por su espíritu vagante. Sea como fuere debía hacer el intento de recuperar la vida de C. No soportaba la responsabilidad de su desaparición prematura.

Aún faltaban minutos para que amaneciera. R debía prepararse para la petición que haría a media noche en el lugar donde realizó su pacto. Realmente no tenía nada que preparar esta vez, solo debía esperar que el momento llegara, y allí oraría en comunicación con las fuerzas cosmológicas.
El día se hizo muy largo, y en ningún momento, a pesar de sus intentos pudo dormir ni descansar. Su mente estaba en desesperación por la incertidumbre de lo que sucedería esta noche. Una energía de ansiedad no dejó de fluctuar en su corazón. Poco podía comer, poco podía distraerse, solo existía el deseo de que llegara el momento para clamar por su prueba máxima. Estaba inmerso en pensamientos cíclicos, atrapado en el ojo de un remolino mental estático. Luego fue presa de un nerviosismo. Lágrimas de impaciencia aparecían con frecuencia en su rostro, la temperatura de su cuerpo subía y en ocasiones hasta se le dificultaba el ritmo respiratorio. Así pasaron 16 horas, hasta que a las 10:00 p.m. emprendió camino a playa P. Había pasado un mes desde el ritual de su posesión. Esta noche la luna en el cielo no tendría luz.
En la playa, ya a la media noche, en los pensamientos de R la única idea siempre consistente era la posibilidad de regresar a su amigo a la vida. Así que pidió al infinito que le concediera tal petición. Pero R no sabía cómo sucedería el prodigio. Era primera vez que haría una prueba sin conocer los detalles del fenómeno a suceder, esta vez solo suplicaba por su deseo. No sabía como ocurriría ni le interesaba, solo anhelaba con intensidad la resurrección. Se sentía muy agotado, con fiebre, y de repente comenzó a sentirse mareado. Todo a su alrededor comenzó a girar, cayó de rodillas en la arena, sintió nauseas y vomitó. Seguido su cuerpo sintió espasmos y escalofríos. Cayó al suelo y comenzó a alucinar. En su delirio no podía distinguir si era presa de una furia maligna o si estaba siendo acariciado por una energía angelical. En su delirio sintió que el viento soplaba con furia, que la arena flotaba a su alrededor, que el mar subía su marea hasta bañarle el cuerpo y que los astros desde el firmamento le irradiaban luz y calor. Luego de desvariar por varios minutos interminables, no soportó más su situación y perdió la consciencia por varias horas. Al despertar, su amigo canino estaba a su lado.

De Ahora en Adelante
R despertó. Instantáneamente abrazó a su amigo, quien con actitud un poco rencorosa le devolvió secos lamidos. El abrazo le permitió verificar que la escena pertenecía a la realidad. Tan real como el agotamiento extremo que sentía. La presencia de su amigo a su lado le dio fuerzas para emprender su regreso a casa. Estaba amaneciendo. Con la poca energía que quedaba en su cuerpo se dirigió al poblado más cercano donde tuvo que desayunar para recuperarse. En el primer restaurante que encontró ordenó hervido de pescado, cuatro empanadas, dos vasos de papelón con limón, un batido de semerucos y medio kilo de dulce de leche de cabra. A medida que comía compartía el desayuno con el can, quien aparentemente mantenía su fidelidad.
R había revivido a su amigo, aunque en un principio esta no había sido su intención. Desde su decisión de sacrificarlo, se había despedido de él. Pero no tuvo opción, su poder había llegado a su límite, y se convirtió en instrumento de una decisión superior para regresar la vida a su perro. Luego de desayunar emprendió camino a casa, donde tuvo un día normal, aunque con frecuencia su mirada se dirigía al infinito. Vivía dentro de su mente en los recuerdos de su reciente experiencia. Y así transcurrió el día. Al llegar la noche se sentía un poco mejor, menos abstraído. Comenzaba a sentir una felicidad repentina. Había experimentado en carne propia y con total consciencia, el poder de un gran demonio. Y sus Dioses se lo habían permitido. Para no perder la cordura debía encontrar a alguien con quien comentar todo lo sucedido. Aunque sabía que nadie le creería, quizás fuese mejor ahorrarse las explicaciones. Además, el anonimato de sus facultades le permitiría prosperar en futuras estrategias.
Había revivido a su amigo, pero R ignoraba si el fenómeno había ocurrido en tiempo presente o si se había desplazado en el tiempo, a la luna nueva anterior, justo al momento del ritual. De ser esto último, supuso que sus experimentos con el poder del demonio aún no habían ocurrido, y quizás también había perdido los poderes de su posesión. Estos supuestos serían fáciles de comprobar. Podía visitar el bulevar, preguntar por el estado de salud de su tía T o intentar algún experimento sencillo como hacer levitar un objeto. Luego lo comprobaría. En este momento la fascinación de su experiencia le inundaba sus pensamientos y una sensación le irradiaba desde sus internos. Sentía que había asumido una determinante responsabilidad con su Yo Superior, con su Venus, con sus antepasados y con las futuras generaciones.
Juró ante el Absoluto, y a su ejército de ángeles y demonios, que desde ese momento no perdería tiempo en mundanidades. Renunciaría a su trabajo. De ahora en adelante se dedicaría a las artes: Escribiría en prosa y en verso, escribiría canciones en distintos géneros y escribiría guiones y dirigiría obras para el cine y el teatro, haría esculturas y pinturas, diseñaría monumentos, edificios y ciudades enteras, inventaría recetas gastronómicas y bebidas espirituosas, elaboraría perfumes y crearía estilos de moda. En fin, probaría con todo tipo de manifestación artística que le permitiese expresar, divulgar e inmortalizar en el tiempo y en el espacio, su vivencia con el demonio y su formidable poder, y la armoniosa conjugación de las fuerzas del bien y del mal.

Presentía que desde ese momento le vendría una nueva vida. De mantener sus poderes, emprendería una estrategia para trabajar en la sanación de enfermedades, la re-estructuración político-económica de la sociedad y el resguardo del medio ambiente. Necesitaría colaboradores con experticias en las distintas artes y en las distintas ciencias. Para identificar a los miembros de su futura secta, debía comenzar con su primera obra artística. Escribiría una especie de cuento, en realidad una crónica o quizás una leyenda. Con su plan en mente se acostó a dormir sonriente, desde mañana temprano comenzaría a escribir una obra cuyo título se le hacía evidente: R, su demonio y su amigo canino.


by