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¿Qué tal si nos dejamos querer?


¿Quién no ha tenido fuertes discusiones con sus padres? No es un secreto para nadie que en la medida que ellos se adentran en la famosa tercera edad se vuelven más tercos, peleones, malhumorados y hasta posesivos. Pero en algún momento se han parado a pensar qué origina (de fondo) esas peleas padres vs. hijos. Ofreciendo una perspectiva que asumí hace poco y que en verdad les puedo decir que me ha servido, les diré que las diferencias que tenemos con nuestros padres, cualquiera de ellas, son súplicas disfrazadas de peleas. Sí, así como lo leen. Súplicas de lo más profundo de nuestras almas, que todavía creen que estamos en los roles de hijos necesitados y padres proveedores.

Monición de Entrada - Misa de Bendición de Anillos, Graduandos Junio 2013



Queridos Hermanos, nos reunimos esta tarde para agradecer a Dios nuestro creador y celebrar juntos en familia, este nuevo logro en nuestras vidas como profesionales. A escasas hora de recibir formalmente nuestros respectivos grados académicos, queremos agradecer que a lo largo de este camino aprendiéramos no solo las verdades de la ciencia, sino que también nos formáramos integralmente, desarrollando valores como la constancia, el compañerismo, la amistad, la creatividad y la entrega por aquello que anhelábamos. Agradecemos también por aquellas personas que Dios puso en nuestro camino para que nos ayudaran a subir cada uno de los peldaños, y también por aquellos que nos obstaculizaron el camino, porque su oposición nos fortaleció, y por eso hoy somos ese muñequito que alcanzó el último peldaño en la escultura de “La Lucha del Hombre por la Cima” que bien nos representa. Hoy felices palpamos que este esfuerzo no ha sido en vano, y unidos como hermanos en la fe, la vocación y el Alma Mater, asumimos el compromiso de poder construir futuro, poniendo las herramientas adquiridas en este caminar al servicio del Reino de Dios aquí en la tierra. Dispongamos entonces nuestro corazón para recibir a Jesús nuestro Salvador, quien como amoroso padre comparte con nosotros la felicidad de este triunfo.

Sartenejas, 11 de junio de 2013

Fantaseando esperanza a la Venezolana (II).


Hoy, mientras veía la noche serena y fría, a través de la ventana, sentía que casi podía revivir esos momentos con sólo sostener la pequeña cuenta que tenía ahora entre sus dedos. Se parecía mucho a las que ella había fabricado por tanto tiempo, y antes de ella las hacía Inocencia, y antes... ¿quién sabe? igual da. Ya ella está acá ahora, sin sus instrumentos y sin los pétalos mágicos, sosteniendo una esfera pequeña pero que al lado de sus cuentas era enorme. En el color se parecían más, ambas son de un blanco perlado brillante. Pero esta que sostenía hoy entre sus dedos, no podría jamás ser colocada en el alma de nadie, como habían sido colocadas todas y cada una de las que ella había fabricado.

Después de trabajar un buen rato, le gustaba ir a hablar con su padre mientras lo observaba trabajar. Después iba con su nana a escucharle contar alguna maravillosa historia, sobre su paso por ese otro mundo. Escuchó tal cantidad de cuentos de Arminda, que casi podría escribir un libro con su vida. Le habló sobre los trabajos que realizó, de las cosas que aprendió, de su familia, de los lugares que vio, de las costumbres y tradiciones de aquel pequeño lugar del planeta que le tocó habitar.
De esas historias fue que conoció a Luisa, la hija de Arminda. A penas llegó a este mundo se dio a la tarea de buscarla. Por suerte Luisa no había cambiado de residencia luego de la partida de Arminda de este mundo, eso le facilitó el encontrarla.



Para Luisa fue toda una sorpresa conseguirse, a su regreso del trabajo, a su pequeña hija de 9 años sentada a las puertas de su casa conversando alegremente con una joven, que si bien parecía dulce e inofensiva, era una completa extraña. ¿Cuántas veces más debería decirle a Nathalia que no hable con extraños? Pero lo que jamás se esperó fue la respuesta de su hija, quien le respondió que la joven no era una extraña puesto que conocía a su abuela Arminda. Le pareció extraño dado que jamás la había visto, no la recordaba de forma alguna. Pero igual la hizo pasar a su hogar, para saber en más detalle de dónde conocía a su ya fallecida madre y por qué había llegado ahora a su casa.


Su sorpresa fue mayor cuando la joven le comenzó a hablar de su madre como si recién la acabara de ver, como si aun viviera. Tampoco recordaba que su madre le hubiese hecho referencia a ninguno de los personajes que la muchacha nombraba o describía y para los que según la joven, Arminda estaba trabajando y no trabajaba, como correspondería a la memoria de la difunta. Le pareció más bien una gran falta de respeto a su memoria de parte de una lunática y estuvo a punto de perder el control y sacarla de su casa a gritos. Cuando de repente se quedó petrificada al escuchar a la muchacha que tenía en frente, a quien jamás había visto en su vida, y de quien jamás había escuchado referencia alguna, nombrar a Pedro. ¿Cómo podría aquella desconocida saber algo tan privado de su familia? ¿Cómo sabía algo que había sido por años un doloroso silencio en la boca de Arminda? Pedro, su historia era tan pequeña como lo fue su corta vida, pero al igual que las pequeñas heridas de dolor insoportable, su recuerdo fue un dolor anidado en el corazón de madre de Arminda, quien perdió a su pequeño Pedro en el mismo momento del parto. Arminda no nombraba ese acontecimiento a cualquiera, jamás lo hubiese nombrado por error o casualidad. Sólo lo sabían los seres más allegados. Por lo que finalmente decidió acoger a la joven en su hogar, al menos por los momentos. Igualmente la idea de tener a alguien cercano a su madre, era como una pequeña caricia en el alma de Luisa. Y quien sabe, quizás esa pequeña confusión temporal era sólo el resultado de los recuerdos confusos en una pequeña cabeza trastocada, y despues de todo, fue Arminda quien le inculcó el ayudar a los más necesitados y desamparados, y al parecer esta muchacha entraba en ese calificativo.