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Control es miedo

Iniciaremos este escrito con lo que fue su génesis, una palabra: control. ¿Qué es el control? Según la Real Academia Española puede tener los siguientes significados:


Para lo que nos concierne vamos a atenernos a los puntos 2 y 5 resaltados en la imagen. Ahora, piensen en la siguiente pregunta: ¿Por qué si ni aún el sistema de control más sofisticado nos asegura un control perfecto del sistema (y esto lo aseveramos como profesionales de la ingeniería que somos), si el sistema de control más moderno presenta fallas, si el sistema de control más preciso se permite un margen de error que técnicamente se le llama tolerancia, por qué los seres humanos nos empeñamos en querer tener el control completo de nuestras relaciones personales, de otras persona o de las situaciones? ¿Cómo? cuando el ser humano es el sistema más dinámico y complejo que existe!!! Es de lo más común conseguir personas que muestran una necesidad imperiosa de demostrar que tienen el control de su pareja, o de sus hijos, o de sus subordinados en el trabajo, y se alteran desmesuradamente cuando sienten que una persona o una situación se salen de su “control”. Pero, ¿se han preguntado cuál es la raíz que origina esa necesidad de control?

¿Qué tal si nos dejamos querer?


¿Quién no ha tenido fuertes discusiones con sus padres? No es un secreto para nadie que en la medida que ellos se adentran en la famosa tercera edad se vuelven más tercos, peleones, malhumorados y hasta posesivos. Pero en algún momento se han parado a pensar qué origina (de fondo) esas peleas padres vs. hijos. Ofreciendo una perspectiva que asumí hace poco y que en verdad les puedo decir que me ha servido, les diré que las diferencias que tenemos con nuestros padres, cualquiera de ellas, son súplicas disfrazadas de peleas. Sí, así como lo leen. Súplicas de lo más profundo de nuestras almas, que todavía creen que estamos en los roles de hijos necesitados y padres proveedores.

No me gustan las mariposas



Un día, reunido con tus amigos, decides tener un detalle con las chicas del grupo y hacerle a cada una figura tipo acordeón de algo que le guste. A algunas les fabricas un osito, a otras mariposas, en fin. Pero cuando llegas a la chica que le gustan las libélulas… primer intento ¡error!, segundo intento ¡error!, la tercera es la vencida ¡no! Optas por decirle “amiga, sé que te gustan las libélulas pero intenté hacerlas y no me salieron, así que te hice unas mariposas”. A la chica le pareció tan tierno el hecho, que a pesar de no gustarle normalmente las mariposas, estas elaboradas en papel de reciclaje le parecían de lo más lindas.