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R su demonio y su amigo canino IV

Prueba Máxima
R necesitaba revivir a su amigo canino. Una manera sería retrocediendo en el tiempo hasta el momento en el cual había dado muerte a C. Pero viajar en el tiempo no parecía estar dentro de las potestades de su demonio. Se le ocurrió entonces que debía dirigirse a playa P donde se encontraban parte de los restos del canino, enterrados en la arena y dispersos en el agua. Pensó que a partir de ellos, e invocando con sus poderes las reacciones bioquímicas necesarias que permitiesen invertir la putrefacción y el desmembramiento sufrido, podría regenerar el cuerpo de su amigo y este ser habitado por su espíritu vagante. Sea como fuere debía hacer el intento de recuperar la vida de C. No soportaba la responsabilidad de su desaparición prematura.

R su demonio y su amigo canino II



C

En su casa hubo varios perros. R conocía del elevado afecto que se puede sentir por un ser incondicional. Lo sabía por experiencia propia. Una experiencia que constituía uno de los recuerdos de su infancia. A sus seis años, poco antes de que su primera hermana naciera, presenció la muerte de su primera mascota, quien solo viviría pocos meses. Su primer perro moriría al ser atacado por un animal venenoso que se encontraba en el jardín de la casa. El mismo veneno que pudo haber alcanzado al niño R de no ser por la defensiva del cachorro. Quizás los pocos meses que duró la vida de su primer perro, o su inocencia a sus 6 años de vida, no lo conllevaron a un sentimentalismo. R no lloró la muerte de su primer perro, pero sí la entendió. El hecho le había llevado a comprender el fin de la existencia de un ser cercano.